De la autocrítica a la rebeldía

El desarrollismo, el paternalismo, la dependencia de los programas sociales del Estado y las ONG es muy fuerte y obstaculiza la organización. Hay un modelo de caudillismo y gerentismo en las organizaciones, que no permite la articulación de abajo arriba. El único camino es volver al pueblo, a la comunidad. Parafraseando a Holloway, “comunizarnos”. Kajkoj Máximo Ba Tiul.

Kajkoj Máximo Ba Tiul

El miedo nos lleva a la capital, para ver si nos escuchan. El miedo no nos permite organizarnos. El miedo es nuestro peor enemigo. Por el miedo, no queremos renunciar al capitalismo. En el discurso somos contrahegemónicos, pero nuestro quehacer cotidiano es capitalista. Comemos en buenos restaurantes, ya no vamos al mercado del pueblo. Nos reunimos en los mejores hoteles y ya no buscamos la sombra de los árboles. Nos llenamos de zapatos, ropa, maquillaje y más, que nos ofrece el capitalismo. Cuando nos invitan a dar conferencias, no vamos si no nos pagan nuestro pasaje, comida y un estipendio, sobre todo si somos reconocidos nacional e internacionalmente.

Cada año estamos preocupados por si vamos a tener proyectos y se nos olvida la liberación de los pueblos. Ya no nos gusta transportarnos en camioneta, sino en nuestros carros último modelo. Tenemos secretaria que nos lleva nuestra agenda. Se poseen tarjetas de crédito o de débito. Es decir, se vive de comodidades, pero el discurso es contrahegemonia, revolución, resistencia. Vivimos del capitalismo y de nuestra boca sale autonomía, autodeterminación y defensa del territorio. Nos hemos convertido en revolucionarios en las redes sociales (facebook, twitter, instagram…). Estamos más preocupados de cuántos son nuestros seguidores y cuántos dan like o me gusta a nuestros comentarios. Mejor si nos colocan un corazoncito o un muñequito.

Hemos hecho del capitalismo nuestra forma de vida. Acudimos a los organismos internacionales a hablar sobre los pueblos, pero vamos al pueblo solo cuando hay alguna actividad importante: conmemoración de alguna masacre, de la muerte de algún dirigente, aniversario de nuestra organización…Muy pocas veces vamos y vivimos en las comunidades. No hemos sido capaces de volver a las comunidades y estar allí. Cuando nos planteamos volver a la comunidad, ponemos de excusa que allá no hay condiciones para que nuestros hijos e hijas estudien, caminen, bailen, disfruten. Claro, porque no queremos volver a machucar lodo, aguantar frío, aguantar la lluvia. Hace un tiempo discutíamos sobre los líderes jet set, esos que viven fuera de nuestro mundo, en foros, conferencia, reuniones, etc. Pero ¿qué avances hay de todo esto?

El desarrollismo, el paternalismo, la dependencia de los programas sociales del Estado y las ONG es muy fuerte y obstaculiza la organización. Hay un modelo de caudillismo y gerentismo en las organizaciones, que no permite la articulación de abajo arriba.

Parafraseando a Zibechi, cuando habla sobre América Latina: “no hay bases sociales organizadas, los movimientos son muy débiles y casi inexistentes”. Los movimientos comunitarios están en resistencia, pero allí no más. Sigue entrando el desarrollismo, el paternalismo, la dependencia a los programas sociales del Estado y de las ONG. Terminamos reuniones con la conclusión de enviar memoriales, comunicados, petitorios a los alcaldes, diputados, ministerio. O llevamos sus demandas a las mesas de diálogo que, más que diálogo, son circos de discusión donde se come bien y dejamos listados para que luego puedan ser utilizados para la criminalización.

Tigo, Movistar, Claro, Coca-Cola, Pepsi-Cola, cervezas, vinos, whisky, inundan nuestras fiestas. Recordemos el momento que pasamos de comer ichaj (hierbas) a Pollo Campero.  Sabemos que Multi Inversiones es una de las mayores corporaciones empresariales de Guatemala, de Centroamérica y de América Latina. Su principal dueño, Dionisio Gutiérrez, está entre los primeros diez multimillonarios del Continente. Se sabe que también ha aportado recursos para terminar con la revolución venezolana. Es uno de los inversionista en los complejos hidroeléctricos Renace y Oxec, pero además invierte recursos en otras hidroeléctricas. Es defraudador de impuestos, entre otras cosas. Pero consumimos sus productos (pollo, concentrados, pizzas, etcétera).

¿Entonces? Hablamos de descolonización, de enajenación, de alienación. Pero estamos igual. Hace algunos años, cuando comenzaron los programas de salud mental, de sanación (que fue como la institucionalización de la llamada “ceremonia maya”, que en algún momento hemos llamado la mercantilización de los valores mayas) decíamos que a los primeros que había que hacerles este proceso es a los líderes y lideresas, porque se encuentran tan shoqueados, no solo por el sufrimiento del conflicto, sino que después algunos pasaron a competir a puestos de Estado y han asumido ya no solo  el comandantismo sino la mentalidad del “patrón”. Esto ha creado un modelo de caudillismo, dirigencialismo y gerentismo en las organizaciones sociales, que no ha permitido la articulación de abajo hacia arriba, sino que solo hay iniciativas de medias coordinaciones de arriba hacia abajo.

Enfrentar la guerra de cuarta generación

Estamos en un momento importante en la historia política del mundo y de nuestro país. Por un lado la implementación de lo que se llama la guerra de cuarta generación. Esta guerra no solo es en contra de Venezuela, Siria, entre otros, es contra todos los países que son importantes para la geopolítica norteamericana. A nosotros nos está llegando vía Alianza para la Prosperidad y la re-instauración del modelo oligárquico-burgués-narco-militar y religioso. Nos llega vía medios de comunicación que nos venden a una Guatemala violenta o que debe ser violenta (Nuestro Diario y Al Día), distorsionando y transmitiendo con mensajes racistas, sexistas, discriminadores, misóginos y criminalizadores sobre lo que pasa en el mundo y en nuestro país, siguiendo el manual de las grandes corporaciones internacionales como BBC de Londres, CNN, ACAN EFE y otras.  Así se comportan todos los medios escritos y televisivos: Prensa Libre, Siglo XXI, ElPeriodico, TN23, Telediario, Noti7, Guatevisión, TVAzteca, Televisa). Además, educan a los niños y jóvenes con programas norteamericanos, coreanos, japoneses, mexicanos, que en su mayoría son violentos y embrutecedores.

Las redes de telecomunicación como Tigo, Claro, Movistar, también han hecho lo suyo para enajenar y alienar a la población. Hasta las comunidades más lejanas de nuestro país ha penetrado esta tecnología y, como no estamos educados para su uso, nos han llevado a un nivel de consumismo. Los jóvenes y las señoritas, aunque no haya energía eléctrica, en su celular siempre cargan videos que ofrece la sociedad de consumo. En salones donde se hacen reuniones o talleres los celulares han suplido los adornos. Son docenas de celulares colgados en los tomacorriente. En la mayoría de veces, los entrevistados en los videos realizados de los lugares de resistencia dicen esta frase: “Nosotros ya no queremos que se construya la hidroeléctrica, porque están secando nuestro río y no nos han dado la luz que prometieron para que podamos tener computadoras”[1].  No estamos diciendo que tener una computadora o un celular es malo, sino que la situación es el uso que se le da. En muchos lugares se encuentran jóvenes que se han endeudado por computadoras y el uso de tecnologías,  en los bancos del sistema como Banrural, G&TContinental, Industrial, sobre todo universitarios, pero no para leer o realizar su trabajo de la universidad, sino para ver películas, telenovelas y música, pero no buena música, sino esa que aliena y enajena.

Allá lejos quedaron los métodos de educación que se crearon durante la guerra, aquel  modelo de alfabetización desde los derechos humanos. Hoy nos quejamos que nuestro pueblo es ignorante, desnutrido y con enfermedades, pero no hay que olvidar que también ha fracasado nuestro modelo de concientización. De un excesivo tallerismo, nos pasamos a un excesivo diplomadismo. Nuestro modelo de formación política está agotado.

Comunizarnos: hacernos pueblo (que el pueblo no se haga a nosotros)

Así como en los años de la guerra se hizo famosa la palabra revolución, ahora hemos adoptado palabras como descolonización, colonización, plurinacionalismo, autonomía, buen vivir, madre tierra, cosmovisión, cosmo-sentir, cosmo-pensar, nahual, etcétera.  Y lo que hemos hecho es traducir estos conceptos a nuestros idiomas, pero sin construirlos desde nosotros, desde lo que los pueblos están construyendo y pensando.  Al Tz’ultaq’a, rik’ux aq’al, juyu’-kixkab’ lo hemos convertido en ajaw. El mayejak, watesink, xulqlem, tz’onoj, los hemos reducido a ceremonia maya.  Se nos ha hecho más fácil  ponerlo todo en un solo costal, kaxlanizando nuestros conceptos: guía espiritual, ancestral, ceremonia maya, por poner ejemplos.

Nos hemos vuelto esotéricos, ahora todo mundo quiere saber su nahual, su día, su energía, haciendo un paralelismo con el santoral. Antes, cuando nos preguntaban ¿porque tienes este nombre? respondíamos: porque ese día se celebraba la fiesta del santo tal y nuestros papas nos llevaban cada cumpleaños a quemarle una candela al santo en la iglesia. Ahora nos preguntan: ¿cuál es tu nahual? y respondemos: es este y por eso tengo estas energías. Todo esto es un invento kaxlan, no es de nuestros abuelos. Antes colgábamos un rosario o una cruz en el cuello, ahora llevamos supuestamente el glifo de nuestro supuesto nahual.  Las llamadas ceremonias, las hemos convertido en espacios de adivinación, porque los llamados guías espirituales (ladinos o indígenas), nos dicen lo que supuestamente dice el fuego.

Antes a Jesús y a todos los santos había que rezarles para que nos salvaran de la persecución militar o policial. Ahora le pedimos al ajaw o a la vara. Así como los católicos y evangélicos dicen que Dios te bendiga, nosotros nos hemos inventado que el Ajaw te bendiga.  “Con la vara vamos a vencer a los ricos, me decía un ancestral, porque solo la fe en ella va a hacer que la Corte de Constitucionalidad diga que la hidroeléctrica Oxec se vaya”[2].  Hace algunos años un connotado guía espiritual, decía: “es que solo las candelas van a detener a las maquinarias que están llegando a las comunidades”. ¿No creen que estamos caminando a la par de un nuevo opio del pueblo, o construyendo una nueva superestructura que no permitirá la liberación de los pueblos?

Hay muchas cosas que tenemos que negar para poder construir un proceso revolucionario o un modelo de liberación o de descolonización. Hay muchos fetiches que debemos dejar a un lado. Los pueblos tienen que comprenderse y entenderse como oprimidos, reprimidos y colonizados. El pensamiento maya, xinka, garifuna y  ladinio se tendrá que convertir en un pensamiento contrahegemónico, pero no es ese que es transmitido en hoteles desde las ONG. Falta por construir una filosofía de los oprimidos que nos lleve a la emancipación.

El único camino es volver al pueblo, a la comunidad.  Parafraseando a Holloway, “comunizarnos”. Hacernos pueblo y no el pueblo hacerse a nosotros.


[1] http://www.alianzaporlasolidaridad.org/campanas/acs-no-destruyas-el-rio-de-los-indigenas-quekchi-en-guatemala

[2] Todavia no había dado su resolución la CC, sobre la Hidroelectica Oxec y Oxec II.


Del mismo autor,  De la resistencia a la rebeldía.

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