De la rabia a la rebeldía

La rabia nuestra debe ser de esperanza, de decir hasta aquí a los opresores, violentos, criminales, oligarcas, burgueses, narcos, militares, curas y pastores corruptos y vividores. Esta rabia debe detener la cooptación de indios permitidos. Esta nuestra rabia debe conducirnos hacia la articulación de un gran movimiento de liberación. Porque nuestra rabia es rabia que dignifica y que no nos dejará doblegarnos. Nuestra rabia es de rebeldía, porque soñamos con un futuro mejor. Solo uniendo nuestras rabias, podemos recuperar y defender nuestra tierra y nuestro territorio.

Kajkoj Máximo Ba Tiul, 1 de agosto de 2017.

Este texto forma parte de una serie de artículos que escribimos junto a las comunidades q’eqchi’ y poqomchi´. Escritos desde el pensamiento, sentimiento y acción de comunidades que están en resistencia contra el sistema político, que promueve un modelo económico, social, cultural, educativo y religioso de sometimiento, embrutecimiento, alienación, enajenación y colonización. Comunidades que no se sienten representadas por un montón de ongs,  organizaciones sociales y partidos de izquierda, que dicen representarnos. De esta serie se han publicado dos: 1) De la resistencia a la rebeldía y 2) De la autocrítica a la rebeldía[1].

Estos textos tienen como objetivo debatir con todos ustedes algunos puntos de vista que hemos discutido en las comunidades donde vivimos y hacemos pensamiento, pensando, en un futuro no muy lejano, construir la verdadera independencia. Como lo hemos dicho innumerables veces, hacer este tipo de análisis tiene sus costos políticos, académicos, organizativos, etc. Incluso desde quienes discuten por todos lados lo poco que hemos avanzado, o de aquellos que desde la ciudad pretenden construir recetas para la liberación, esto sin excluir a las clases pobres y desprotegidas que viven en las áreas periféricas de las grandes ciudades.

Al escribir estas líneas lo hacemos porque estamos seguros de que esta realidad no va a cambiar, si no comenzamos a construir una nueva ética y moral revolucionaria. Como dijera en su momento el Che Guevara, hay que “avanzar hacia la construcción de un hombre nuevo”, es decir, una sociedad nueva, una humanidad nueva, revolucionaria y consecuente con los más pobres. Eso significa que tenemos que avanzar hacia la construcción de una ética de los abajo, de los vilipendiados, de los desconocidos, de los desarraigados, de los sin tierra, de las víctimas y de los sufridos, incluso de aquellos que han sido engañados, como lo dice una lideresa q’eqchi’, en una reunión convocada por el Ministerio de Cultura, en Cobán, Alta Verapaz; “hoy nos trajeron bajo engaños, sin saber cuál era el sentido de este evento“[2], argumento repetido por mujeres mayas k´iche´ al verse engañadas y burladas por la actual Ministra de Trabajo y Previsión Social cuando presentó su bochornoso, espurio y servil estándar para el Convenio 169.

Una nueva ética y moral, construida desde los de abajo. Desde aquellos que han vivido bajo el yugo de la opresión, la represión, la criminalización, el control, la judicialización. Esa nueva ética y moral parte de reconocer aquellos momentos que nos dan rabia. Como decíamos en una reunión sobre memoria histórica, para eso hay que hacer referencia a la cuenta larga y no solo a la cuenta corta. Porque nuestra rabia comienza allí. Desde que llegaron los Colón, los Alvarado, los Díaz del Castillo, los Molina y otros, que luego se encontraron con los Diesseldorf, Thomae, Sapper, Arena, Botrán, Bosch, Gutierrez, etc., y encontraron aliados a indios permitidos, que con la boca hablan de pueblos originarios, pero en el corazón son serviles del capitalismo. Todos ellos construyeron lo que ahora se ha denominado el poder conservador-oligárquico-burgués-religioso, a lo que hemos añadido, corrupto-despojador-militar-asesino-narco-genocida.

Nuestra rabia inicia cuando nos despojaron nuestras tierras, nos comenzaron a quitar nuestra forma de pensar, nos arrebataron nuestra forma de vivir, nos quitaron nuestra forma organizativa. Allí comienza la rabia y es una rabia que sigue cada vez más profunda porque siguen los vejámenes contra nosotros. Hoy, por ejemplo, si salimos a manifestar, siendo un derecho que ellos se inventaron para entretenernos, nos dicen que somos unos haraganes, pero si salen ellos son ciudadanos, productores o empresarios. Ellos sí pueden interponer ante sus Estados muchos amparos, pero nosotros aunque vayamos, no nos hacen caso.

Esta nuestra rabia es contra todos, incluso contra la falsa neutralidad del discurso académico y oficial. Rabia contra la presentación de la historia como un proceso sin sujetos, sin nosotros”[3]. Rabia contra las Universidades que forman profesionales al servicio del capitalismo. Rabia contra ingenieros, abogados, trabajadoras sociales, antropólogos, sociólogos, al servicio del modelo académico extractivista o vendiendo su conocimiento por dinero, sin importar la vida de los más pobres. Es la rabia que nace desde lo más profundo de la vida de la montaña, donde nacen las aguas que llenan los ríos y que llegan al mar. Rabia que viene acompañada del canto del cenzontle, guardabarranco, colibrí. Rabia que se llena del rugido del tigre, de la pantera y del sonido del cascabel de la serpiente. Por eso es una rabia que no la entienden los de arriba, solo la entendemos desde abajo.

Rabia al ver morir de hambre a tantos niños y niñas, por la maldita pobreza creada por la acumulación de riquezas en manos de pocos. Da rabia ver como se roban nuestras semillas y a cambio nos traen semilla “mejorada”, que solo sirve para destruir nuestra tierra y nuestra vida. Da rabia ver a cientos de hombres y mujeres, muchos de ellos campesinos, que van a las ventas de veneno a comprar tanta porquería, para que muramos lentamente y con nosotros la tierra. Igual que el animal que está atento a atrapar a su presa, están las empresas esperando que las dejemos para que entren a destruirla y explotarla.

Rabia que nace al ver que en las escuelas los maestros no llegan y cuando llegan solo son dos días a la semana y descansan dos o tres semanas, tomando como excusa reuniones, asambleas, juegos, enfermedad, etcétera. Maestros que repiten la historia oficial, escrita por los intelectuales de los grupos de poder, reproduciendo los estereotipos machistas, misóginos, racistas y discriminadores del sistema capitalista neoliberal.

Así podemos seguir hablando de por qué la rabia es fuente de rebeldía. Porque la suma de injusticias nos puede llevar a la articulación de todos para nuestra liberación. Pero también nos puede llevar al sometimiento o a la violencia. Esta rabia, que nos da el sufrimiento provocado por el sistema, no tiene que ser una rabia de venganza, sino de liberación. Nosotros nacemos y vivimos con esa rabia y algunos hasta se nos adelantaron sin poder quitarse esa rabia, pero sí hicieron el intento de liberarse de ella. “La rabia está allí, creciendo, y somos parte de ella. No podemos apartarnos de ella. Estamos montados sobre un tigre y no podemos bajarnos de él. Lo que tal vez podemos hacer es influir en la dirección que tome” [4].

Por eso el camino debe ser hacia una rabia de esperanza. Una rabia que libere, que detenga este sistema salvaje. Debe ser una rabia que dignifique. Debe ser una rabia que nos articule en este momento importante que tiene nuestro país, en donde todos, absolutamente todos aquellos que desde la colonia han tomado el control sobre nosotros, han fracasado, con su modelo de Estado-Nación. Nuestra rabia debe conducirnos hacia la construcción de un modelo plurinacional donde quepan todos.

La rabia que nosotros tenemos debe llevarnos a destruir la casa del criollo y construir una casa para y desde los de abajo. Esta rabia debe ayudarnos a dejarnos de quejar, de panfletear, de estar escribiendo largos comunicados o de estar esperando que el Estado criollo nos abra un espacio. La rabia nuestra debe ser de esperanza, de decir hasta aquí a los opresores, violentos, criminales, oligarcas, burgueses, narcos, militares, curas y pastores corruptos y vividores. Esta rabia debe detener la cooptación de indios permitidos. Esta nuestra rabia debe conducirnos hacia la articulación de una gran movimiento de liberación. Porque nuestra rabia es rabia que dignifica y que no nos dejará doblegarnos. Nuestra rabia es de rebeldía, porque soñamos con un futuro mejor. Solo uniendo nuestras rabias, podemos recuperar y defender nuestra tierra y nuestro territorio.

[1] www.pensamientosguatemala.org, http://connuestraamerica.blogspot.com.

[2] https://t.co/gTUyNqHqZ2

[3] Holloway, John. ¡Comunicémonos!, Editorial Grietas, México, 2013.

[4] Ibídem.

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