Patria libre Nicaragua

Nueva dominación de Estados Unidos, pragmatismo y oportunismo empresarial, contradicciones internas, voces y tiempos diferentes. Tres lecturas abiertas y complejizadoras de un país en disputa y transición.  Textos de Andrés Cabanas, Paula Irene del Cid Vargas y Tomás Andino Mencia


Voces viejas y nuevas

No somos delincuentes ni de derechas, dicen los manifestantes. La disputa es intensa pero el sandinismo, hasta ahora cooptado por el aparato del FSLN y la familia Ortega, puede encontrar caminos nuevos. Andrés Cabanas, 21 de abril de 2018

No podemos ignorar que en las recientes movilizaciones (cuasi insurrecionales) de Nicaragua existe influencia de la Embajada gringa y se desarrolla el episodio nica de la avanzada ultranconservadora continental. Que (oh casualidad, donde lo he visto antes), aparecen los empresarios y aprovechan para romper el pacto con Ortega y preparar el recambio de su gobierno. Intervención imperial, pragmatismos e hipocresía de la mano.

Pero también se visibilizan otras/nuevas demandas y voces: juventud, estudiantes, sandinistas críticos, movimientos de resistencia popular al capitalismo, ambientalistas, feministas siempre silenciadas y perseguidas, campesinos en defensa del lago y la soberanía, militantes históricos de la guerra y el breve gobierno de los sueños y utopías. Voces que se expresan en las calles, en comunicados, en documentos y proclamas que vale la pena estudiar.

El análisis de Nicaragua hoy a partir de las categorías interpretativas de golpe blando, revolución de colores y del examen de un plan desarrollado con precisión quirúrgica por actores externos, no logra explicar las contradicciones internas de una revolución que no fue y que el actual Frente Sandinista de Liberación Nacional -FSLN- y la familia Ortega se empeñan en enterrar cada día. Parece una verdad de Perogrullo pero no es Estados Unidos quien ordena disparar y criminaliza a los manifestantes afirmando que son poquitos y además delincuentes (uy, eso también lo he escuchado antes, verdad Santa Cruz Barillas). El gobierno de Ortega, de motu propio, cierra espacios de diálogo y prefiere los acuerdos de cúpula (gobierno-empresarios) al consenso y las alianzas con sectores sociales.

Hace rato que la revolución popular y ÉTICA (no suelo usar mayúsculas y no lo volveré a hacer, pero en este caso me parece imprescindible) sandinista se estancó, extravió, dejó de interesar: a los empresarios, a los Estados Unidos, a los nuevos ricos del FSLN que optaron por políticas neoliberales y de despojo (Gran Canal) por la cooptación pasiva en vez de la democracia participativa revolucionaria y por la generalización de un pensamiento acrítico (el providencialismo y pragmatismo resignado diría Andrés López Baltodano), absolutizador, fundamentalista.

No somos delincuentes ni de derechas, dicen los manifestantes. La disputa es intensa pero el sandinismo, hasta ahora cooptado por el aparato del FSLN y la familia Ortega, puede encontrar caminos nuevos. No todos los manifestantes lo desean. No sé si los que así lo quieren tengan la fuerza suficiente, entre tantos retos y enemigos. Lo que tengo seguro es que, si lo intentan, no van a estar solos.

No somos delincuentes, no somos de derecha

Lecciones para los movimientos sociales

No hay que confundirse, nos dicen las hermanas nicaragüenses, esto ya no tiene nada que ver con la revolución sandinista. En Nicaragua cooptaron la palabra “sandinista” y ahora se usurpan bienes naturales y empresas estatales, y se reprime en nombre de Dios. Paula Irene del Cid Vargas, 24 de abril de 2918

Violencia sexual, racismo, autoritarismo, ética corrupta y desarrollismo economicista que enceguece la necesidad de trabajar en lógicas de ecosistemas para salvaguardar a la Naturaleza y nuestro sostenimiento, son problemáticas que las organizaciones sociales que buscamos la emancipación no trabajamos de manera sistemática y articulada. Hoy tenemos conciencia de que no son cosas menores, en la medida que queremos impulsar transformaciones radicales.

Si no se abordan a tiempo, se corre el riesgo de que las organizaciones denominadas de izquierda, al tomar la institucionalidad estatal, se comportan de tal forma que se vuelve imposible distinguirlas de la derecha.

Ortega es un claro ejemplo. En su momento se le conoció por ser violador y corrupto. Lo ecocida lo demuestra con el proyecto de construcción del Gran Canal. En los últimos años hizo alianzas con las jerarquías eclesiales para mantenerse en el poder. Todo ello a costa de la heroica lucha del pueblo, del espíritu sandinista, de las luchas feministas, y ahora de la vida de la juventud nicaragüense.

Y así las cosas, la gente confundida y alguna medio fanática cree que este señor y su esposa no son capaces de ordenar esta barbarie. Hicieron un bosque de hierro, representación de cómo se pueden llegar a desvirtuar símbolos de un espíritu de trascendencia y empatía. Los sembraron y mantuvieron bajo un costo millonario que pagó el pueblo y fue directo a sus bolsillos. Han hecho gala del uso de estrategias propias de la mafia italiana o del nacional socialismo nazi y sus juventudes hitlerianas.

Que quede claro, eso no es revolucionario, no es de izquierda y no es del sandinismo que alfabetizó en un año. No merecen perdón, sólo juicio y castigo como la clase política de Guatemala y de Honduras, así como los delincuentes de cuello blanco y todas las iglesias que los apañan con sus bendiciones.

 

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Qué pasa en Nicaragua. Explicación desde un enfoque crítico de izquierda

Con la movilización social de las últimas semanas, sea que avance o retroceda, comienza una nueva era, en la que un nuevo sujeto histórico se ha levantado sin miedo de tomar la palabra y decidir su destino. Tomas Andino Mencia, Honduras, 21 de abril de 2018

El mundo ha sido sorprendido por una impresionante movilización popular en NIcaragua, principalmente juvenil, que comenzó rechazando reformas al sistema de seguridad social, pero que ha evolucionado hasta pedir la renuncia del mismo gobierno. Su costo es trágico: decenas de muertos, heridos y detenidos, centros de estudio y trabajo destruidos, la actividad económica semi paralizada.

Este acontecimiento requiere una explicación. Al respecto, hay tres explicaciones colocadas en la mesa: la de la derecha y el imperio gringo, la del gobierno nicaragüense, y la que viene de la izquierda critica.

La explicación de la derecha y del imperio es que se trata de un gobierno “socialista” o de “izquierda” que por su propia naturaleza es dictatorial y enemigo de la democracia. Pero si así fuera, la propiedad seria colectiva, estatal o solidaria, y no es así; la propiedad privada capitalista es omnipresente y el país es tan neoliberal como muchos otros de America Latina, asi que ese argumento no ayuda a entender nada.

La explicación del gobierno hace ver el movimiento de las y los jóvenes nicaragüenses como una conspiración de la Central de Inteligencia Norteamericana, CIA. En su discurso del 21 de abril, Daniel Ortega acuso a los y las jóvenes de ser “pequeños grupos de la ultraderecha” que quieren “destruir la paz de que goza Nicaragua”. Resultaría así que su gobierno es la “victima” de una ofensiva bien orquestada, similar a la de las “guarimbas” de Venezuela.

Mi explicación no comparte nada con las anteriores.

En mi opinión lo que vemos es el estallido de un descontento social muy profundo, acumulado durante una década, que tiene como base un conjunto de contradicciones entre el gobierno y el Pueblo, incubadas en el capitalismo nicaragüense, de la mano de decisiones impopulares, actitudes dictatoriales e impositivas del dúo Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Voy a citar solo diez de esas contradicciones entre el gobierno y el Pueblo:

Primero: la aprobación de construir el canal inter oceánico por una empresa china a un costo económico y social elevadísimo (US$ 50 mil millones), ha generado un fuerte descontento porque implica destruir muchas comunidades rurales, obviamente contra su voluntad, y ceder la soberanía territorial a dicha empresa por un siglo. De ahí ha surgido un amplio movimiento campesino y ciudadano opuesto, que es reprimido y vilipendiado por el gobierno, pero que se mantiene hasta el día de hoy.

Segundo, la actividad extractiva, en particular minera, casi ha duplicado la superficie concedida en este periodo (del 12 % al 22%) generando fuertes conflictos en el área rural y con los movimientos ambientalistas, también reprimidos.

Tercero, la presión sobre la tierra que ejercen monocultivos industriales como la palma africana y el azúcar, así como el gran incremento de la actividad ganadera, dejan menos disponibilidad de tierras para las y los campesinos.

Cuarto, el descuido ambiental, cuya última manifestación fue la desidia del gobierno frente al incendio de la reserva en Indio Maíz, movilizo a sectores juveniles a protestar.

Quinto, el control impositivo contra las organizaciones no gubernamentales, especialmente de derechos humanos y feministas, quienes no le perdonan las arbitrariedades, represión y acusaciones de abuso sexual, tiene en alta tensión las relaciones del gobierno con el mundo de la llamada “sociedad civil”.

Sexto, la reelección presidencial, prohibida por la Constitución, que se impuso utilizando el mismo mecanismo que uso Juan Orlando Hernández en Honduras, un fallo de la Corte Suprema, lo hizo ver como un autoritario.

Séptimo, el mismo efecto han tenido las acusaciones de fraude electoral en las últimas dos elecciones presidenciales, donde se impuso la formula orteguista.

Octavo, la vicepresidenta Rosario Murillo, esposa de Ortega, ejerce un férreo control sobre los medios de comunicación. Este control, que llega a proponer el control de las redes sociales, es resentido por los medios independientes.

Noveno, causa mucho malestar la extendida corrupción de funcionarios públicos que se vuelven millonarios de la noche a la mañana, mientras el pueblo pasa dificultades económicas. La misma pareja presidencial es cuestionada por haber acumulado recursos desde la “piñata” pactada con Arnoldo Aleman, y de administrar alrededor de cuatro mil millones de dólares de recursos del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) sin rendir cuenta de su destino.

Décimo, después de varios años de buenas relaciones con el gobierno, una parte del empresariado nica (afiliados al poderoso Consejo Superior de la Empresa Privada, COSEP) comienza a dudar de la conveniencia de continuar el matrimonio que ha mantenido durante una década con los Ortega-Murillo, periodo en el que se ha beneficiado en toda la línea, por temor a perder los favores del imperio, después que Donald Trump hiciera aprobar la Ley Nica-Act y de que comenzara a aplicar sanciones a funcionarios nicaragüenses. Desde entonces, han puesto sus barbas en remojo.

Pese a eso, Nicaragua tiene buena reputación por sus fuentes de trabajo y la ausencia de delincuencia. Es porque las maquilas migran mucho a ese país precisamente porque los salarios de sus obreros y obreras están entre los más bajos de Centroamérica y en esas condiciones las empresas capitalistas se sienten ahí como en un paraíso. La ausencia de delincuencia, que va de la mano del empleo es, en efecto, su mejor condición competitiva.

Por tanto, Nicaragua es un país en el que ha tenido un importante crecimiento capitalista, no equitativo, en el cual se han acumulado fuertes contradicciones económicas y sociales, con una ciudadanía deseosa de manifestarse sobre las mismas, que no ha podido hacerlo, no es tomada en serio o se le pasa factura con discriminación o represión.

INSS, el conflicto dominante

En ese contexto, se produjo el conflicto por la reforma al Instituto Nicaraguense de Seguridad Social, INSS, exigida por el Fondo Monetario Internacional. No era la primera vez que se hacía una reforma (en 2013 se hizo una que fracasó), solo que en esta ocasión se produjo cuando el descontento por las causas señaladas está en su máximo, especialmente entre la juventud que nació después de la Revolución de 1979. Las protestas comenzaron por los directamente afectados, los jubilados y jubiladas; a estos le siguieron las y los jóvenes estudiantes; y luego otros sectores de la población. Finalmente se incorporaron los empresarios, que previamente habían roto las negociaciones sobre ese tema en la Comisión Tripartita.

Por lo dicho, la crisis actual no cae como un rayo en un cielo despejado, sino que tiene antecedentes importantes que la explican. Problemas estructurales y coyunturales de difícil solución en manos de una pareja presidencial cerrada, autoritaria y represiva.

La irracionalidad de la argumentación oficial

Por tanto, venir a decir que las manifestaciones sociales son una “conspiración” para desestabilizar al gobierno de parte de pequeños grupos de “ultra derecha”, es una afirmación propia de un gobierno dictatorial, incapaz de dar respuestas racionales y necesarias a los problemas planteados, y que insultan la inteligencia del público.

Hasta el más desinformado observador advertiría que es imposible que la CIA tuviera tantos agentes infiltrados y pagados en todo el país, jubilados, entre trabajadores y un ejército de jóvenes matriculados como estudiantes universitarios, para salir, en el momento apropiado, a “desestabilizar” al gobierno. Pero es comprensible: el gobierno, acostumbrado a imponerse todo el tiempo, nunca espero una reacción social tan contundente y no ha podido hilvanar una explicación “mejor”.

Es la clásica estrategia de un gobierno “progre” que se siente acorralado por su Pueblo: manipulan el sentimiento antiimperialista de la gente, que siente profundo respeto por la Revolución Sandinista de 1979 (incluido quien escribe estas líneas), para que se crea cualquier argumento, bajo la autoridad de que lo dijo el “líder”, Daniel Ortega.

Argumentos que llegan al absurdo. Por ejemplo, que estudiantes universitarios destruyen sus propias universidades, que como francotiradores les disparan a sus propios compañeros(as), que se torturan y se desaparecen, queman edificios públicos para atraer el repudio social hacia ellos, etc. Un libreto propio de un movimiento suicida, que mas parece escrito por un asesor de JOH o de la Policia MIlitar hondureña.

No dicen que la violencia es inicialmente desatada por bandas de motorizados de la clientela juvenil del gobierno, que es usada como grupo de choque y carne de cañon contra otros jovenes. Todo a vista y paciencia de las autoridades policiales.

Y cuando los jóvenes se defienden de estos grupos, o cuando desatan su indignación sobre símbolos del gobierno, entonces el oficialismo proclama la “demostración” de sus acusaciones. ¿Acaso creen que tratan con bobos? Afortunadamente la difusión de la tecnología celular ha permitido filmar cuando los grupos de choque gubernamentales han sido protagonistas de semejantes hechos.

Algunos compas tienden a hacer comparaciones simplistas. Dicen que es un guion similar al usado por los gringos en Venezuela. Si se tratara del caso del Presidente venezolano Nicolás Maduro, la explicación de Ortega tendría sentido porque en Venezuela las “guarimbas” fueron organizadas por un partido de ultraderecha (“Voluntad Popular”, partido de Leopoldo López) para desestabilizar a ese gobierno. Pero NO es el caso de Nicaragua. En este país, el movimiento fue auto convocado por sectores progresistas, de la juventud universitaria como se ha dicho. El análisis para que sea objetivo, tiene que basarse en la realidad.

Ver las cosas desde esta óptica, permite explica varias cosas “raras” del gobierno nicaragüense:

¿No es extraño que Ortega fuera el primer gobierno en reconocer a JOH y que nunca cuestionó la criminal represión que este arremetió contra el Pueblo Hondureño? ¿No es extraño que el gobierno norteamericano durante los últimos once años no “molestó” a Ortega con ningún intento serio de “desestabilización”?  En comparación, el imperio promovió golpes de Estado en Venezuela, Honduras, Paraguay y Ecuador en ese periodo. A pesar de que Nicaragua es un país mucho más débil que aquellos, durante ese tiempo lo dejó “tranquilo”.

Esto se explica por la luna de miel de once años que sostuvo beneficiando a la empresa privada, nacional e internacional, en los que cultivó jugosos negocios, incluidos los gobiernos golpistas de Pepe Lobo y JOH y la reaccionaria iglesia católica nicaragüense (de ahí su eslogan del “Socialismo Cristiano y Solidario”).

Esos tiempos son el pasado. La pareja presidencial Ortega-Murillo ahora cuenta con la hostilidad del imperio, que buscará domesticar su gobierno mediante acciones de boicot económico; cuenta con el divorcio de la empresa privada nacional o de un sector importante de esta; y cuenta con el repudio activo de una buena parte del pueblo. El rumbo que tomará el país, dependerá, por un lado, de la respuesta del gobierno al movimiento de protesta lanzado por su juventud y por otros sectores populares, así como de la capacidad de este de conquistar mejores estándares democráticos y sociales. La moneda está en el aire y todavía es prematuro decir qué pasará.

Pero de lo que no cabe duda es que, con la movilización social de las últimas semanas, sea que avance o retroceda, comienza una nueva era, en la que un nuevo sujeto histórico se ha levantado sin miedo de tomar la palabra y decidir su destino.

 

Tegucigalpa, M.D.C. 22 de abril 2018

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