La revolución no fue en vano

El pasado 19 de mayo tuvimos ocasión de encontrarnos con Gioconda Belli a su paso por Madrid, con motivo de la presentación de su últmo libro, Rebeliones y revelaciones, publicado por la editorial Txalaparta. Charlamos con ella sobre este libro y también sobre las últimas protestas en Nicaragua y el sandinismo (pasado y presente), sobre las revoluciones de conciencia y el movimiento #NiUnaMenos y la influencia de las nuevas tecnologías en la literatura. Repasamos también con ella su último poema, que trata sobre la situación política actual en Nicaragua y que reproducimos junto a esta entrevista.

Entrevista a Gioconda Belli, por Vanessa Amessa, 1 de junio de 2018.

Al comenzar a charlar con ella, Gioconda nos advierte (sobre su último poema y la crisis política en Nicaragua): “La poesía tiene esa capacidad de contar las cosas mejor de lo que las voy a contar yo hablando”. Ella misma comienza hablándonos sobre Nicaragua:

Gioconda Belli (G.B.): Para mí lo más importante ahorita es hablar de Nicaragua. Me preocupa sobre todo la situación de la izquierda en el modelo en que se juzga a Venezuela.

Pienso que Nicaragua es diferente pero que es difícil para la gente entender cómo fue el sandinismo, que significó tanto para toda una generación y que fue una luz en el horizonte de la revolución en los 80, el desafío al imperio, la consecuencia con un espíritu ético, feliz. Fue muy linda la revolución en Nicaragua. ¿Qué pasó que ahorita estamos enfrentándonos a un sandinista, a alguien que venía del sandinismo?

Gramsci hablaba de que no se podía hacer la revolución si no se cambiaba la conciencia. Yo creo que muchas veces se hace la revolución sin cambiar la conciencia porque se hace no como una revolución sino como una lucha contra algo. En el caso de Daniel Ortega,  pienso que él luchó contra Somoza pero no desarrolló una conciencia revolucionaria que le hubiera permitido cambiar con el tiempo, reconocer los errores que se cometieron en los 80 y lo que nos llevó a perder las elecciones en el 90 y cómo el mundo ha cambiado. La gran división que se da en el sandinismo tiene que ver precisamente con lo que estamos viviendo ahorita. Después de perder las elecciones del 90 empezamos a plantear, en un gran grupo dentro del frente, que había que cambiar a la dirección, democratizar el partido, repensar a la izquierda en una nueva situación y que había que darse cuenta de que el ser humano no puede vivir sin libertad y que no se puede sacrificar la libertad por la justicia social.

Me acuerdo tanto de ese libro de Gramsci (La responsabilidad de los intelectuales) que decía que si la revolución no logra cambiar la conciencia, si no se cambia primero la conciencia, se puede hacer una revolución pero la misma gente que la hizo la va a despreciar.

Y es un poco lo que estamos viviendo en Nicaragua. Es la incapacidad de cambiar, de evolucionar en el pensamiento, que es un problema que se ve mucho en la izquierda. El dogmatismo. No solo en Nicaragua: América Latina acaba de pasar una década donde tuvo la mayor cantidad de presidentes de izquierdas y si vemos qué pasó, la vena autoritaria de la izquierda nos jugó una mala pasada. No pienso que se perdió todo el esfuerzo de la izquierda porque me parece que se hicieron cambios importantes (lo que logró Lula en Brasil, lo que ha logrado Evo en Bolivia…). No se puede despreciar nada de eso. Las derechas se han replanteado a sí mismas, son menos derechistas que antes de todo este cambio que hubo en América Latina al haberse presentado una izquierda importante. Creo que lo que está pasando en Nicaragua demuestra que si no hay una evolución en el pensamiento y se quiere montar otra vez un esquema de dominación ideológica y de represión de la libertad en nombre de la justicia social, eso no funciona.

Viento Sur (V.S.): Al final de tu último poema dices “Nunca vuelvan a preguntarme si fue en vano la Revolución”.

G.B.: La revolución sí dejó una semilla. Lo que estamos viendo ahorita es lo más bello que había visto en los últimos años.

VS: Las protestas recientes están siendo encabezadas por mucha gente joven que no está vinculada a la revolución de los 80. ¿Se trata de un movimiento nuevo de jóvenes?

G.B.: Criticábamos a los jóvenes porque estaban muy indiferentes. Entonces, de repente, te das cuenta de que lo que faltaba era cómo llegar a un tope. Creo que este tope comenzó con un incendio que hubo en Nicaragua en los primeros días de abril de una reserva bellísima que hay y que se llama Indio Maíz, en una biosfera. Empezó a quemarse y el gobierno no estaba haciendo absolutamente nada. Costa Rica ofreció ayuda y le dijeron que no. Se quemaron 5.000 hectáreas de bosques y fue entonces cuando los jóvenes comenzaron a protestar y los mandaron reprimir. Una de las razones por las que la protesta no se ha manifestado tanto en Nicaragua era porque todas las protestas las mandaban reprimir muy violentamente. La primera protesta que reprimieron fue hace como tres años. Se perdieron siete vehículos. Les robaron los celulares, las cámaras, les pegaron a los muchachos. Y la policía no dio ni siquiera el papel para que pudieran reclamarlos al seguro. Esos vehículos se los robaron para hacer daño a quienes habían estado en la protesta. La gente tenía mucho miedo de salir a protestar. En estos días hemos visto que se perdió el miedo.

VS: ¿Crees que puede haber algún vínculo entre estas protestas y la revolución de 1979?

G.B.: Por eso digo en el poema “nunca vuelvan a preguntarme”. La revolución se hereda. Veo que hay un sandinismo original (en las protestas) que fue el sandinsimo que nació a partir de la lucha contra la tiranía porque la gente en las trincheras usa las mismas consignas que se usaron durante la revolución: “Patria libre o morir”, “Que se rinda tu madre”. Esto ha sido bien interesante desde el punto de vista de la memoria colectiva del pueblo.

V.S.: ¿Es este el motivo por el que tu último libro, a diferencia de los anteriores, es un libro de ensayo?

G.B.: Este libro es como un prisma porque uno como escritor vive la vida como todo el mundo y te llegan motivaciones y oportunidades para escribir cosas que no se pueden encasillar. No son cuentos, no son poemas; son cosas que escribís y son reflexiones. A mí este libro me parecía importante hacerlo porque creo que hay que contar de dónde viene el sustrato filosófico con el que uno escribe. En cierta manera es un poco una mirada en el pensamiento del escritor.

Ahora hay que demostrar que el pensamiento es entretenido. Hay toda una corriente del entretenimiento; los escritores tenemos que entretener. Te dicen que la gente quiere leer misterio y novelas como el Código Da Vinci. Hay toda una comercialización de la escritura. Este libro no lo es necesariamente. Se pueden compartir muchos aspectos de la vida en un solo libro; que tenga poesía, anécdotas, reflexiones, cosas autobiográficas. Es como un cóctel.

V.S.: En las redes sociales hablas sobre la influencia de las nuevas tecnologías en la literatura. ¿Cómo crees que están influyendo en la generación actual de escritoras/es y poetas?

G.B.: Creo que todavía no ha habido una influencia tan grande. Se está buscando cómo ensamblar; cuál va a ser la nueva forma de expresión.

V.S.: ¿Estamos en transición?

G.B.: Sí. La gente joven como Elvira Sastre hace vídeos de su poesía. Hay una manera diferente de proveer el gozo de la poesía o el gozo de la literatura. Pero en esencia espero que no cambie. Creo que si nos lo dieran todo hecho, que si todo fuera visual, perderíamos aquello a lo que obliga la escritura que es el esfuerzo de visualizar, que lo que leas sea exclusivamente tuyo, en el sentido de que tu imaginación tiene que participar y ese personaje que vos creás en tu imaginación está absolutamente creado por vos. La Amaranta de García Márquez para vos es una persona y para mí es otra. Eso es lo bello. Que cada uno de nosotros tiene su propio mundo imaginario. Este se volvería homogéneo si nos lo dan todo hecho. Por eso García Márquez decía que no quería que hicieran Cien años de soledad en cine.

V.S.: El título de tu nuevo libro se basa en la frase “La mujer que se rebela, se revela”, del escritor nicaragüense José Coronel Urtecho en el prólogo del primer poemario que publicaste.

G.B.: Ese título cae perfecto en este momento porque hay una rebelión que ha dado una revelación también sobre cómo la gente venía acumulando descontento y cómo se fue colmando la copa de la iniquidad. Llegó un momento en que la gente se topó. Eso es también rebelación porque hasta hace unos meses parecía que los Ortega controlaban todo, que la gente estaba tranquila, que los Ortega salían en las encuestas superbien. Y de pronto todo cambió. Toda esa máscara y teatro se deshicieron y se vio lo que había detrás. Ha sido una rebelación tremenda tanto en revelar como en rebelar.

V.S.: Desde tu experiencia ¿cómo has visto el movimiento internacional #MeToo y #NiUnaMenos?

G.B.: A mí me ha confirmado y reafirmado la importancia del cuerpo y cómo el cuerpo es el terreno donde se libran muchas luchas de la igualdad. El cuerpo de la mujer es el que sufre; es el cuerpo el que también da los hijos, el que tiene la maternidad, pero también el que es abusado. Mucho del sometimiento de la mujer tiene que ver con la visión masculina del cuerpo femenino y con la visión religiosa del cuerpo de la mujer. Hay una rebeldía contra la manera de abusar del cuerpo femenino que ha tenido la sociedad porque no solo están juzgando a los hombres que lo han hecho sino a todos lo que han sido cómplices.

Todos. Incluso las mujeres hemos sido cómplices. Esto me parece importantísimo. Hay un antes y un después de este año, de este gran momento.

Este movimiento no ha llegado aún a Nicaragua tanto como en los países más desarrollados porque pienso que todavía hay mucho miedo. Se emplazó al presidente Ortega (su hija lo emplazó) y dijo públicamente “este hombre me abusó” y ese hombre fue electo presidente con la gente sabiendo que eso había sucedido. Todavía no existe el respaldo social que hace posible que se den ese tipo de emplazamientos.


El relevo

Todavía no es Lunes en Nicaragua

Todavía mi casa está a oscuras

Mis perros duermen

La paloma en el nido

en la enredadera de jazmín

empolla su cría.

En cambio, al otro lado del océano,

mi día ha comenzado

y la ironía del paisaje

del Mediterráneo yerto entre los pinos

azul hasta donde alcanzan mis ojos

me da ganas de llorar.

Qué iba a saber cuando fui feliz al imaginarme

en una residencia para escritores

que el país bajo mi piel

tan acomodado en sí mismo y plácido

apenas rumiando su infortunio

saldría de la suspensión animada

de su frustración

a nombrar el tamaño de su rabia

hasta morir acribillados tantos jóvenes.

A este mismo computador en que escribo

este buzón de correos

empezaron a llegar los retazos de visiones macabras.

Los golpeados el primer día.

Mi amiga Ana con la cabeza cortada, el ojo morado.

El estudiante aporreado en el suelo

por cinco o seis chicos pateándole.

Los de las motos cargando sus hierros, palancas

ensañándose contra el desarmado jóven

hasta dejarlo inconsciente.

En el trasfondo, la imagen del policía impávido

observándolo todo

acuerpando el castigo y la impunidad.

Gracias a este siglo XXI y a la tecnología

fuimos muchos quienes vimos el salvaje desaforo

de los enviados a sofocar las protestas

y fue como si a todos nos hubiesen aporreado

arrinconado contra la camioneta

los nueve o diez cristianos a pies y puño limpio

haciéndonos sangrar con los símbolos de amor y paz

sobre sus pechos desalmados.

Fue como si cada uno de nosotros

se percatara de pronto de cuán exiliado estaba

de su ciudadanía

y una energía unánime

atravesara la coraza de súbditos dóciles

y rompiera en mil pedazos

la lógica de la resignación.

Fuimos todos a una Fuenteovejuna

Contra los comendadores.

Las viejas tradiciones, la memoria de los maltratados,

Los fantasmas de los muchachos en las trincheras

Los barrios congregados bajo la frontera de adoquines

La universidad tomada

La solidaridad del agua, la comida.

Monimbó, Matagalpa, Estelí, Masaya, Granada

Un polvorín el resentimiento acallado

Nos hicieron alabarlos, decían, pero por dentro no nos engañaban.

Desde mi estudio vi caer las arbolatas,

bajar con furia de los mástiles

la pobre bandera rojinegra,

el símbolo otrora de rebelión, transmutado en símbolo de opresión.

¿Cuántos tiranos alcanzan en una vida?

¿Sabrá ahora el nuevo lo que sentiría el otro?

¿Recordará cuánto estuvo dispuesto a hacer aquel

por aferrarse al poder?:

Los jóvenes en la Cuesta del Plomo

El bombardeo de las ciudades

El ejército asesinando a los revoltosos

a Camilo Ortega en los Sabogales

(él era como uno de esos jóvenes que murieron en las protestas)

¿Cuántos tiranos alcanzan en una vida?

¿Repetirá éste el desatino del otro?

No aceptar el fin de su tiempo

No ver el cansancio, el repudio

Insistir

Reprimir

Insistir

¿Qué ves si te ves en un espejo?

Témele a la imagen sonriente.

Todas las mañanas no me quedan más que palabras

La alegría de saber que hay relevo,

que los de antes ya no somos necesarios.

Nunca vuelvan a preguntarme si fue en vano la Revolución.

Se hereda el ardor contra los tiranos

Los muchachos nacieron con escuela

Llevan la sabiduría en la sangre.

Gioconda Belli, Bogliasco, 7 de Mayo 2018.

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