Chicoyogüito: cincuenta años después

Chicoyogüito, después de 50 años, comienza a encontrarse, como se encuentran los diferentes colores en un tejido. Un tejido que poco a poco se fortalece. Su fortaleza es que, algún día, “su tierra pueda volver a sus manos”.  No cualquier tierra, sino esa, que les fue arrebatada a costa de su sufrimiento. Después de 50 años siguen caminando juntos, a pesar de que el sistema de injusticia los dividió. Se han encontrado para mejorar la vida de sus descendientes.  

Kajkoj Maximo Ba Tiul, Centro de Reflexiones Nim Poqom.

 


Tezulutlán (lugar de resistencia)

Se considera que posiblemente alrededor de los años 300 a. de C. la región comenzó a ser habitada. Los pueblos principales que se constituyeron en el territorio son: Akala’, Lakandon, Q’eqchi´, Poqomchi´, Achi’, Ch’ol, Itz’a, Mopan, K’iche.

MapachicoyoguitoFuente: La Provincia de la Verapaz, en los siglos XVI y XVII, tomado de Weeks, John M, Subregional organization of the sixteenth-century Q’eqchi’ Maya, Alta Verapaz, Guatemala.

Innumerables testimonios escritos y orales dan fe de la existencia de estos pueblos, así como los Títulos. En el territorio existen innumerables Títulos, muchos de ellos están en manos de los barrios y grupos de ancianos, pero otros están en bibliotecas privadas, en el país y en otros países del mundo.

Entre los principales Títulos encontramos: el Título de los Señores de Qaqkoj y el Título de los Señores de Chama, que hace referencia a los Pueblos Poqomchi´; el Testamento de Chicojl, Testamento de Tomtem y el Testamento de Tux. Los Títulos de los Komon, como el de Panimá, Sinaja. También hay calendarios como el de Cahabon, Cobán y el de San Cristóbal Verapaz.

Otro elemento importante para hablar de la existencia de pueblos originarios desde hace muchos siglos en la región, son los cerros, montañas y valles: Xukaneb, Kojaj, Itz’am, Beleju´, Wolok, Kaqkoj, Panixkalera, Pankonsul, Chuitinamit, Kaq’yuq, solo por citar algunos.  Al conjunto de estos, los q’eqchi’ le llaman Tz’uultaq’a, y los poqomchi’, Yuq’ qixqab’.

El idioma, los valores y principios de los mayas de la región, son otros elementos fundamentales para constatar la existencia de la población en la región desde hace muchos años. Valores como junq’ab’al, k’aleb’al, tinamit, de los q’eqchi’; el principio del aj raal ch’och’, de los q’eqchi’; el raq’un aq’aal, de los poqomchi´. Estos principios y valores son los pilares fundamentales de la identidad de los pueblos originarios y son apreciados en momentos importantes como las fiestas: yoleq, watesiink, mayejaq, katoj pom, katoj kandela. El paab’ank es la fiesta grande de los pueblos originarios de Tezulutlán y es manipulado por los folkloristas nacionales e internacionales.

Esta suma de ideas nos permite comprender, conocer, aceptar que la presencia de pueblos originarios en el territorio -que desde hace unos diez años hemos rebautizado como Tezulutlán, la tierra de resistencia-, es de hace muchos siglos, antes de la llegada de los primeros españoles a estas tierras, aproximadamente en 1530, como lo encontramos en el “Acta capitular sobre las medidas del Cabildo obligando a los vecinos a hospedar y proveer el sostenimiento de los hombres que regresaron con Diego de Alvarado de la guerra en Verapaz”[1].

Los pueblos originarios de Tezulutlán resistieron durante muchos años a los grupos militares españoles, por eso que lo identificaron como “Lugar de Guerra”. Entonces aparece la misión dominica encabezada por Fray Bartolomé de las Casas, quien solicita a la corona española y al Papa, por medio del gobernador Alonso de Maldonado, que durante cinco años, no pudiera entrar ningún militar español y que, por lo tanto, se les permitiría a los dominicos atraer a los indígenas a la fe católica.

Los pueblos fueron reducidos a pueblos de indios y así se construyeron los pueblos coloniales de la Tezultutlán, como la cabecera departamental de Alta Verapaz, que en los primeros años fue dividida en cuatro barrios: “el primero, es de Santo Domingo, donde está plantada la Iglesia y el Convento; éste lo formaron los religiosos con los indios que habitaban las montañas de Chichén y Xucaneb. El segundo, es el barrio de Santo Tomás Apóstol; se fundó en los tiempos inmediatos a la conquista, con los indios Lacandones, que estaban situados al Norte de Cobán. El tercero, es el de San Marcos; se pobló de los Lacandones que se sacaron de las montañas de Chamá, a fines del siglo XVII. El de San Juan Acalá se fundó con los indios convertidos de la nación de los Accaláes, que moraban en la montaña de Chicec”[2].

A esta primera etapa la hemos llamado el “primer repartimiento” de tierras y personas. No solo los convirtieron a la fuerza a la fe católica, sino también fueron sacados de sus tierras. A pesar de que el discurso de los dominicos, principalmente el de Fray Bartolomé de las Casas, era defender a los indios porque eran “verdaderos hombres”,  esa defensa solo tenía sentido si los indios se convertían al cristianismo y dejaban sus antiguas prácticas sociales, culturales, económicas, espirituales, sobre todo estas últimas, porque fueron consideradas como practicas demoníacas.

Fray Bartolomé de las Casas afirmaba ante el emperador que “para que cualquier gente y pueblos o naciones oigan y reciban alguna ley y sean instruidos en ella y puedan guardarla, son necesarias dos cosas o disposiciones ordinariamente: la primera, que sea pueblo, conviene a saber, que viva la gente junta, social y popularmente, porque de otra manera, si la promulgación de la ley oyeren diez, no la oirán ciento ni mil, y por consiguiente ni tendrán obligación ni tampoco la podrán guardar. La segunda, que tengan entera libertad, porque siendo libres, no pueden tener parte de pueblo ni tampoco ya que les constase, no lo podrán guardar por estar al albedrío y servicio de otro”[3].

En este sentido, la libertad es la libertad cristiana, pero con sujeción al Obispo. Aquí es donde posiblemente nace la idea del “tributo al patrón”.  Este dato es importante, porque la sujeción de la iglesia obligó a que comunidades o pueblos indígenas comenzaran a rendirle obediencia al Obispo, sobre todo en esta región, hasta hoy, aunque este proceso fue mucho más intenso antes de que llegaran las iglesias protestantes[4].

¿Para qué la explicación anterior? Nos sirve para comprender que los “Chicoyogüito”, como pueblo, pudieron haber sido traídos por los curas españoles de la sierra de Chamá, ubicándolos muy cerca de la cabecera departamental de Cobán: primero en la comunidad de Chicoyou y posteriormente en la comunidad de Chicoyogüito. Datos arqueológicos del lugar[5] nos hacen pensar que la comunidad se instaló mucho antes de la llegada de los dominicos[6]. Otro dato importantes es que, durante muchos años, fueron asistidos religiosamente, primero por los curas de la Catedral, luego pasaron a la iglesia El Calvario. En esta parte de la historia aparece el indígena Francisco Pop, propietario de grandes porciones de tierra, que abarcaban desde Chicoyogüito hasta Chamá, y poseía gran cantidad de ganado; Francisco mandó a construir una capilla que años más tarde pasaría a ser un templo[7]. Eso quiere decir que ellos llevaban muchos años de estar viviendo en ese lugar, cuando se instala el sistema finca, con los gobiernos liberales.

Por qué Chicoyogüito es importante hoy

Luego de pasar el modelo colonial español, ya cuando ese sistema estaba cuajando en todas las regiones de Tezulutlán, en donde el sometimiento a la iglesia católica era la lógica, aparece en los años de la reforma liberal el modelo finquero alemán. Desde el gobierno de Rafael Carrera (1847-1848), sobre todo en su segundo gobierno (1851-1865)  hasta el gobierno de Justo Rufino Barrios (1873-1885), inicia un modelo de reforma agraria, para beneficiar a los nuevos burgueses de Guatemala y a los alemanes, quienes instalarán en la región casi un imperio, como lo dirá Cambranes[8]. Los indígenas pasan a ser colonos de las fincas, y con dificultad comienzan a producir para su subsistencia.

“Los indígenas colonos de la fincas también gustan de engordar el ganado vacuno para venderlo a los destazadores, y ellos, los pobres indios, engordan su ganado con mucha dificultad, pues no disponiendo de potreros propios y adecuados para el caso, lo hacen por medio del sistema de persoga o amarre, siendo así que, con muy raras excepciones, todos ellos disponen de cabezas de ganado vacuno y porcino; ellos son por lo general los que abastecen el mercado con buenos cerdos y hermosos novillos para el consumo diario”[9].

A inicios de 1900, había más o menos 400 fincas en manos de alemanes y otros terratenientes guatemaltecos, para el cultivo del café y otras más para el engorde de ganado, ambos eran para la exportación.

La llegada de los alemanes a la región causó un nuevo ciclo de terror entre los indígenas, sobre todo porque no entendían cómo es que sus tierras pasaban a manos de otros, volviendo a repetir lo que vivieron con la llegada de los invasores españoles. A finales de 1800, “con el objeto de fomentar el cultivo del café entre los propietarios del lugar, uno de los Jefes Políticos, extralimitándose en su celo mandó a arrancar las milpas de los que no hubieron sembrado el dicho café”[10].

Chicoyou, que es el nombre más antiguo de lo que hoy denominamos como Chicoyogüito, va a ser un lugar con muchas riquezas, encontrándose un yacimiento rico en obsidiana, además de una riqueza de evidencia de origen prehispánico. Encontraron “un documento histórico, de esos que nuestros antepasados dejaron tallados en toscas piedras y que, en pleno siglo XX y con más razón en los venideros, son voceros del grado de cultura y progreso que habían llegado los primitivos dueños”[11] de este lugar.

“A quienes se quedaron en Chicoyogüito les llamaron los “rebajados”. Entonces quienes trabajaban en la finca no les pagaban bien, cuando teníamos algo de libre, nos íbamos para la costa sur y solo teníamos un poquito para sembrar tierra. Sembrábamos en el cerro de  “Woloq”, ese cerro está vivo, nosotros ya no le damos su lugar, es sagrado, una vez fui a traer un poco de agua, con uno de mis compañeros y pasó un animal pura foca de diez metros, era todavía de día, entró en el koloq o woloq, cada quince días dicen que pasaba, por eso, nosotros no podemos dejarlo o no podemos tirarlo en el suelo”[12].

“El lugar Chicoyou, regado por el Cahabón, comprende una hermosa llanura y en algunos cerros se han encontrado documentos similares de origen mucho más antiguo… lo que prueba a todas luces que el documento de que tratamos fue, si no hecho allí, llevado en aquel entonces por manos de indígenas, y sepultado en el sepulcro de su autor […] Chocoyou, es célebre también en la historia legendaria de este pueblo por la creencia de que allí se encuentra sepultado un fuerte tesoro”[13].

Los descendientes de los Chicoyogüito afirman que, en algunos días del año, alumbra una luz al pie de la montaña, en uno de los lugares sagrados donde ellos aspiran en algún momento llegar a celebrar un mayejaq. Esta es una de las grandes referencias que ellos tienen para decir que son originarios de este lugar.

Volviendo a los alemanes. Fue en este momento que la finca Chicoyogüito pasa a ser propiedad de alemanes. En primer lugar, la finca Chicoyou fue dada por el Estado de Guatemala a la familia Hempstead Dieseldorff; posteriormente pasa a la familia Mathis como finca Chicoyogüito. Aproximadamente en 1945, la finca fue nacionalizada y pasa a propiedad del Estado de Guatemala. El uno de diciembre de 1980 se adscribe al Ministerio de la Defensa Nacional.

“Mi papá me dice que cuando estuvieron los alemanes, nuestros papas nos decían que ganábamos medio centavo. Trabajaban una quincena, recibían seis centavos. Ahora a veces vamos a trabajar y a veces no, nos queremos levantar y a veces no. Cuando llegaron los alemanes, nuestros abuelos tenían que estar a las siete y tenían que ponerse en fila y quienes no llegaban los iban a traer “ma’ ta chik  ijuelaa gran puta, o inqa, chan li comisionado o li alcalde o li administrador” (vas a ir hijo de la gran puta, dice el comisionado, el alcalde o el administrador).

Los jodieron y los cansaron y nunca les pagaron bien. Kaaj wi iq’ ut b’ayak li q’en (solo chile y poco frijol), les daban, pero les decían “tienen que ir a trabajar”. K’alenq  (limpiar) kamoq ichaj re kaway (llevar monte a las vacas y caballos), k’alenq re’ kape’ (limpiar café) ma’ q’a xtoqobal awu (nunca hubo lástima para nosotros). La tierra se la llevaron los alemanes para ellos, lo mejor se los daban, a nosotros nos daban lo que estaba entre piedra.

Nosotros los pobres, decían que  teníamos que sufrir porque la tierra era de ello, ellos sí tenían zapatos y buena ropa y nosotros no. Quien podía usaba per llanta, per xab’ (sandalias de llanta de camión), era lo que usaban algunos. Xe ta’ wa’ si’  chaq, nosotros todo lo que sufrimos, es el tiempo de nuestros abuelos.

Nosotros ahora, lo que vimos lo que sufrimos, estamos ahora platicando, lo estamos contando, ahora venimos a denunciar, tienen su palabra nosotros los de Chicoyogüito”[14].

Cómo y de qué forma se construye la Zona Militar en Chicoyogüito

El Decreto No. 80 del 15 de mayo de 1945, promulgado por la Junta Revolucionaria de Gobierno, estableció la I Región Militar, en Cobán, Alta Verapaz, con sede en el edificio frente al parque central de esa ciudad. En 1961, la I Región Militar pasa a formar parte de la Zona Militar 2, ubicada en Zacapa, manteniendo su ubicación física.

En 1968 se creó la Zona Militar Coronel Antonio José de Irisarri, con sede en Cobán. En 1971, esta base militar se trasladó a sus actuales instalaciones, en la Finca Chicoyogüito, a cinco kilómetros de la cabecera departamental. En 1979, la Zona Militar Coronel Antonio José de Irisarri, se convirtió en la Zona Militar 21, denominación que conservó hasta 2003, en que fue transformada en el Comando de Región Militar “Coronel Antonio José de Irisarri”, como una plataforma operativa de la Brigada Militar Mariscal Zavala[15].

Desde el año de 1971, en la Finca Chicoyogüito, situada a 5 kilómetros de la ciudad de Cobán, el Ejército de Guatemala instaló la Zona Militar No. 21, permaneciendo con ese nombre hasta el año 2003[16], cuando se cambia a Comando de Región Militar “Coronel Antonio José de Irisarri”, pasando a ser, en este junio de ese mismo año, una plataforma operativa de la Brigada Militar Mariscal Zavala. El CRM “Coronel Antonio José de Irisarri” heredó un área jurisdiccional de responsabilidad de 11,810 kilómetros cuadrados de superficie, abarcando los departamentos de Alta Verapaz y Baja Verapaz. A partir de la fecha de su desactivación esta área pasó a responsabilidad de la Segunda Brigada de Infantería “Capitán General Rafael Carrera“ con sede en Zacapa[17].

Lo anterior es la versión oficial, pero lo duro que fue para los habitantes en ese momento de la comunidad de Chicoyogüito, no se reconoce. Cuando uno habla con abuelos, abuelas, hijos e hijas, nietos y nietas, de los miembros de la comunidad, narran experiencias desgarradoras, propias de una etapa dominada por la política contrainsurgente. La construcción de una zona militar en Cobán tenía el objetivo de promover la política contrainsurgente en la región, propia de la guerra fría, que llevaba como principio fundamental combatir al enemigo del Estado, denominado en algún momento como comunista.

Habitantes del lugar son testigos de las filas de personas, padres y madres de desaparecidos durante los años de 1980 a 1983, quienes iban a reclamar a sus familiares que habían sido llevados por miembros de la G2, con apoyo de comisionados militares y patrulleros de autodefensa civil,  que aseguraban que los llevaban a dicha zona militar.

Entonces, el sufrimiento de los antiguos dueños de la comunidad de Chicoyogüito era el primer paso, para lo que luego se convirtió en el terror de la región. Una zona militar que, conjuntamente con Mariscal Zavala, el destacamento de Ixcán, la base militar de Paracaidistas de Puerto Barrios y el de Zacapa, desarrollaron política de terror en toda la región. Esto mismo deja un clima de miedo, odio, muerte en toda la región, prueba de ello son las fosas clandestinas encontradas en CREOMPAZ y otras que se encuentran esparcidas en toda la región, por lo que en algún momento se ha considerado la región de Tezulutlán como un cementerio clandestino.

Los testimonios de quienes vivieron el terror, cuando les anunciaron que iban a construir la zona militar en ese lugar, son estos:

“1968, tenía diez años. Mi papá trabajó en la hacienda cuando se fueron los alemanes y quedó en manos de los militares. Conocieron un administrador de nombre Federico Valladares, a él conocí yo cuando trabajaba entre los cafetales. Cuando comenzamos a trabajar, también ya estaban los comisionados, había uno bien enojado, se llamaba Luis Ac. Cuando no lo escuchábamos nos jaloneaba o nos daba a garrotazo, como ya tenían poder nos pegaban, nos odiaban, no había nada de buena forma. El dolor lo conocimos en comunidad. También conocimos a militares que llevaban a la gente al calabozo. Nosotros estábamos en manos de los militares. Cuando tenía 14 años, yo comencé a ir a la hacienda, me fui a la Costa Sur a buscar algodón, cuando fui a trabajar a la hacienda, mi papa ganaba cinco centavos y yo dos centavos, por eso nos acostumbramos, por eso comenzamos a ir a trabajar en las grandes haciendas, fincas”[18].

“Cuando salí tenía cinco de mis hijos. Váyanse porque si están sus hijos aquí, se los van a llevaran los soldados, nos sacaron, dejé mi casa, allí dejé mis ollas, mis tinajas, porque mis hijos estaban pequeños, mi casa era de ocho varas, era de paja, pero todo se quedó allí. Te quedas en San Jazmín, el señor Guicho Caal[19] nos sacó otra vez y me vine a san José la Colonia, cuatro años, estuve allí, mi primera casa era una de nylon, no había lámina, sólo paja. Mi esposo se había quebrado en su trabajo en Guatemala, mi mamá me dio un poco de nylon, luego hice mi casa. Y llegaron los de la EFA y me sacaron nuevamente, si es cierto que tengo una casita, pero se llena de agua en invierno, ahora no puedo hacer nada, por eso tenemos que pedir que nos devuelvan nuestras tierras, porque tenemos nietos y nietas”[20].

“Yo solo me acuerdo que los soldados me cargaron y me subieron al comando, no me recuerdo a donde me llevaron, solo me dejaron a orillas del camino entre el monte, luego me fui con un mi hermano, pero él me dejó, se fue al cuartel, por eso nosotros no tuvimos nada, solo mi mamá luchó con nosotros”[21].

“Tenía siete años, dos más grandes y dos más pequeños, mi mamá solo tenía cinco centavos para hacer un mandado, cuando regresamos los soldados nos quitaron nuestro dinero, que teníamos en una manta y luego nos dijeron que iban a llegar los soldados a cuidarnos, si no se llevan lo que tienen, lo vamos a quemar, pero tampoco sabíamos a donde ir, todo se quedó allí. Solo eso les quiero contar”[22].

“El ejército no nos ha dado nada, por eso tenemos que luchar juntos. En 1968, cuando se posesionó de nuestras tierras, nos sacaron y ellos se quedaron. El 28 de julio fue cuando nos sacaron. El dos, cuatro, nueve de agosto, enterramos a mi tío, teníamos una semana de haber salido, él murió por la tristeza, estaba sano cuando nos sacaron, porque nos decían que si no nos vamos, nos matarían a todo o violarían a nuestras hermanas y muchas fueron violadas. Pero eso no se puede decir.  Cuando regresamos nuestra casa ya había sido quemada. Un amigo de nombre Victor Yat, fue a ver su casa, pero cuando llegaron quemaron nuestras casas, para que ya no regresábamos. Cuando salieron solo lograron sacar unas cuantas tortillas.  Tal vez ustedes nietos, nueras y yernos, no  saben nada.  Hay una historia, que no se ha contado, ya conté todo a mucha gente lo que nosotros sufrimos, no hay que ocultarlo, en algún momento tenemos que volver a nuestras tierras de nuevo.  Nosotros tenemos que luchar por nuestras tierras”[23].

“Nos enviaron un mensaje con algunos soldados de Cobán, para decirnos que si no salíamos por las buenas, que por las malas teníamos que salir. Que estas tierras ya no eran nuestras, sino del Estado, y que por lo tanto aquí teníamos que dejárselas porque allí iban a construir la zona militar. Sabiendo que nuestros padres y nuestras madres habían nacido y vivido aquí e incluso trabajaron muy duro cuando era una finca de dueños alemanes, no hicimos caso y no quisimos salir. Era el 28 de julio de 1968, cuando regresábamos de hacer un mandado que nos mandó a hacer mi mamá y de repente comenzamos a ver,  que en nuestra comunidad había soldados y comandos. Algunos estaban huyendo y otros eran agarrados. A algunos los golpearon y a mí un soldado me subió al comando y después no supe nada. Al otro día, nuestros papás regresaron y sus casas estaban en llamas. Los comandos nos fueron a tirar a varios lugares, sin nada, porque todas nuestras cosas se quemaron cuando le prendieron fuego a nuestras casas. Nadie nos ha querido ayudar. Hasta hoy día, muchos de nosotros todavía estamos alquilando y quienes lograron hacer algo, todavía viven en casas muy pobres”[24].

 Los testimonios nos ayudan a comprender, que a los de Chicoyogüito los desalojaron y les quitaron sus tierras ancestrales, llevándolos a vivir en situaciones más empobrecidas. Sin importar la vida, los desalojan causándoles daños psicológicos, culturales, sociales y económicos. Un desalojo propio de una política contrainsurgente. Por eso, el desalojo y despojo que sufrió la comunidad de Chicoyogüito, se puede considerar como el primero de la etapa contrainsurgente promovida por el Estado de Guatemala, para poder instaurar un clima de terror y miedo, con el único objetivo de controlar lo que ellos llamaban “el comunismo internacional”, en el que consideraron a los pueblos indígenas, como parte de los enemigos del Estado y por eso, nunca les importó el sufrimiento que les causaban.

Por eso, es que la comunidad desarraigada de Chicoyogüito, decimos así, porque después del desalojo de 1968, todos se fueron a vivir en diferentes lugares, hasta encontrarse poco a poco desde hace diez años, para emprender el camino por la recuperación de sus tierras.  Es decir, no de la “tierra”, sino de sus tierras en donde dejaron todo y que esperan les sea devuelta.

La participación de la Comunidad de Chicoyogüito como querellante en el caso CREOMPAZ, no solo es para demostrar que el Ejército y el Estado de Guatemala desarrollaron política de genocidio en contra del pueblo guatemalteco, sino para demostrar que la primera causa que generó el conflicto armado es el apropiamiento de tierra indígenas y que por lo mismo, el mayor logro de la justicia por genocidio, debe ser la devolución de tierras a sus antiguos dueños, en este caso a los pueblos indígenas.

Chicoyogüito, después de 50 años, comienza a encontrarse, como se encuentran los diferentes colores en un tejido.  Un tejido que poco a poco se fortalece. Su fortaleza es que algún día, “su tierra pueda volver a sus manos”.  No cualquier tierra, sino esa, que les fue quitada a costa de su sufrimiento.  Después de 50 años, siguen caminando juntos, a pesar de que el sistema de injusticia los dividió. Se han encontrado para que juntos, puedan encontrar el camino para mejor la vida de sus descendientes.


Notas

[1] Wensy, Kramer (coordinadora), Libro Segundo del Cabildo, de la Ciudad de Santiago de la Provincia de Guatemala, comenzado a XXVII de mayo de MDXXX años, CIRMA, et al, Guatemala, 2018.

[2] Juarros, Domingo, Compendio de la Historia de la Ciudad de Guatemala, TOMO I, Edición del Museo Guatemalteco, Guatemala, Imprenta La Luna, Calle de la Providencia, No. 2, 1857.

[3] Tovilla, Martin Alonso, Relación Histórica Descriptiva de las Provincias de la Verapaz y de la del Manché, 1635, Editorial Universitaria, Guatemala, 1960.

[4] Sobre esto discutiremos en otro momento.

[5] http://cirma.org.gt/glifos/index.php/ISADG:GT-CIRMA-AH-023-01-016

[6] Sobre esto también estamos investigando y que posteriormente lo daremos a conocer.

[7] De La Cruz B y N. Pérez, El Calvario resguarda a la venerada imagen, http://digital.nuestrodiario.com/Olive/Ode/NuestroDiario/LandingPage/LandingPage.aspx?href=R05ELzIwMTEvMDgvMDg.&pageno=MTIy&entity=QXIxMjIwMA..&view=ZW50aXR5

[8] El imperialismo Alemán en Guatemala.  El tratado de Comercio de 1887.  Guatemala, Centroamérica, 1977.

[9] Portocarrero, Eduardo J.M., Alma y Vida de Cobán, Noviembre de 1978 (fotocopias).

[10] Portocorrero (39).

[11] Estamos utilizando las palabras del acuerdo, aunque no estemos de acuerdo con él, (Portocarrero, 54).

[12] Testimonio de un miembro de la comunidad de Chicoyoguito.

[13] Portocarrero (55).

[14] Testimonio de un líder de la comunidad de Chicoyoguito.

[15] Impunity Watch, Las Exhumaciones en el Comando Regional de Entrenamiento de Operaciones de Mantenimiento de Paz (CREOMPAZ), Programa Guatemala, Noviembre 2013.

[16] ibidem.

[17] CREOMPAZ.

[18] Testimonio de un miembro de la comunidad de Chicoyoguito.

[19] Los miembros de la comunidad hacen referencia a este personaje como un colaborador fiel al ejército y pieza fundamental para el desalojo y despojo de tierras a los de Chicoyoguito.

[20] Testimonio de una miembro de la comunidad de Chicoyoguito.

[21] Testimonio de una miembro de la comunidad de Chicoyoguito.

[22] Testimonio de una miembro de la comunidad de Chicoyoguito.

[23] Testimonio de un miembro de Chicoyoguito.

[24] Testimonio de un miembro de Chicoyoguito.


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