Organización del pensamiento y la acción

Si lo que busca el terror es la inmovilización, lo que corresponde es la acción coherente. Una parte fundamental de la agenda política de los movimientos es hilar las particularidades de las luchas de todos los sectores y colectivos oprimidos y subordinados. Esto, y la empatía entre movimientos, quizás proporcione luces para accionar de forma articulada.

Paula Irene del Cid Vargas. laCuerda


En Guatemala se mueven grandes sumas de dinero en torno a una gran variedad de negocios: armas, los territorios y su potencial uso extractivo, otros de carácter evidentemente criminal como drogas y contrabando. Las personas también son negocio, las migrantes para los coyotes, campesinas y campesinos en el contexto finquero, así como obreras en la maquila son mano de obra barata; en el ámbito doméstico las mujeres son cuidadoras y reproductoras gratuitas de vida; cuerpos diversos son rentables en la industria del sexo; y millones fungen como fieles contribuyentes-penitentes de pastores y curas en la cantidad de iglesias que proliferan hoy en este país.

Oligarcas, militares y nuevos ricos configuran y reconfiguran continuamente sus negocios y sus alianzas, a veces hacen pulsos entre sí y cuando les conviene se unen. Dilucidar lo que sucede en estos juegos de poder no es sencillo.

En los últimos días hemos observado una serie de maniobras: despliegues militares, asesinatos de mujeres y repetición continua de notas televisivas sobre sus cuerpos aparecidos en costales o descuartizados. La desvergüenza de los funcionarios del Ejecutivo con mensajes en los que pretenden de pésima manera vendernos la idea de inevitabilidad de la “defensa de la patria y la soberanía nacional”; una marcha que pretendía tener como objetivo posicionarse en contra de la “legalización del aborto”, liderada por quienes tienen tache por corrupción e impunidad. El Congreso, al rechazar la iniciativa 5376, “legalizó” que las niñas violadas no sean resarcidas, dejando en el poder de los rezos que no se den embarazos indeseados; y la Corte de Constitucionalidad se plegó a los intereses de quienes consideran a los territorios, su biodiversidad y sus habitantes como fuentes de enriquecimiento, negando el derecho de los pueblos a decidir sobre los mismos.

En la búsqueda del enriquecimiento, estas acciones de carácter violento y fascista pretenden homogeneizarnos e inmovilizarnos, reduciendo la posibilidad de la autonomía de las personas y de los pueblos. Estas estrategias y sus efectos son característicos de las nuevas formas de hacer las guerras. Como indica la analista Rita Laura Segato, los administradores del capital y por ende de la guerra, requieren ahora que estas sean de largo plazo, sin victorias ni derrotas conclusivas, se busca que se constituya en una forma de existencia, son un negocio sumamente rentable. Para la socióloga Jules Falquet, esta nueva forma de organizar la guerra tiene implicaciones para las mujeres y todos aquellos cuerpos feminizados, o que no actúan de forma funcional al capital.

Si lo que busca el terror es la inmovilización, lo que corresponde es la acción coherente. Una parte fundamental de la agenda política de los movimientos es hilar las particularidades de las luchas de todos los sectores y colectivos oprimidos y subordinados, esto y la empatía entre movimientos, quizás proporcione luces para accionar de forma articulada.

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