¿Golpe de Estado?

Vamos Guatemala hacia la #RefundaciónYa desde abajo, democrática y rupturista.  Marco Fonseca

 


Todo mundo está agitado. Todo mundo está diciendo que Morales y su gobierno de restauración está preparando un “golpe de Estado” o que, de hecho, el desacato a las resoluciones recientes de la CC con respecto a la Cicig implica ya un “golpe de Estado técnico”.

Yo creo que estas son evaluaciones confusas de lo que está pasando. Yo creo que estamos ante un momento más en la agudización de la crisis de hegemonía intra-elitista y entre las elites del bloque en el poder y los movimientos subalternos. Es de adentro de estos conflictos que se genera el discurso del “golpe de Estado.” Y esto está dándole un carácter mucho más incierto y confuso a la guerra de posiciones.

Pero hay que recordar lo siguiente:

1. La crisis crea situaciones inmediatas peligrosas, porque los diversos estratos de la población no poseen la misma capacidad de orientarse rápidamente y de reorganizarse con el mismo ritmo.

Sin esa capacidad de orientarse rápidamente y de articularse en una gran alternativa rupturista y refundadora, los movimientos sociales, colectivos urbanos y ciudadanía en general quedan presas de los discursos dominantes. No es neutral ni casual que se esté manejando el discurso del “golpe de Estado”. Pero hay que entender su función ideológica y no convertirse en eco y amplificación del mismo. Ello solo contribuye a desactivar el discurso refundacional o sus aliados.

2. La clase tradicional dirigente, que tiene un numeroso personal adiestrado, cambia hombres y programas y reabsorbe el control que se le estaba escapando con una celeridad mayor que la que poseen las bases subalternas.

Todo el Gobierno de la restauración ha sido precisamente esto: un proceso de reconstrucción de la clase tradicional dirigente después de los golpes asestados por la Cicig contra empresarios y políticos corruptxs. Y todo cambio de gabinete y de personal en ministerios y otras dependencias (incluyendo a la PNC) es un esfuerzo por recuperar control sobre lo que se les estaba escapando.

A cada movimiento o protesta ciudadana han respondido con su propio gambito, estrategia de defensa/ofensa, cortina de humo, simulacro de soberanía y legitimidad, etc. Esto lo ha hecho no solo la fracción conservadora sino que también la neoliberal que hoy está en la ofensiva – por medio de frentes contra la corrupción, etc. – sabiendo que tienen acorraladxs, solo hasta cierto punto, al Gobierno conservador. De ahí los retumbos que se escuchan del ala reaccionaria que se escuda bajo la retórica de la defensa de la soberanía y la legalidad (en base a una lectura contradictoria y perversa de la Constitución y otras leyes, lo que también entra en contradicción con la interpretación jurídica neoliberal).

3. Es a esa ala neoliberal a la que hay que ponerle ojo con el discurso del “golpe de Estado” pues nada les abriría el paso libre para tomar el poder directamente que semejante equivocación del ala conservadora.

La fracción neoliberal hace incluso sacrificios, se expone a un futuro oscuro con promesas demagógicas, pero conserva el poder, lo refuerza por el momento, y se sirve de él para aniquilar al adversario y dispersar a su personal de dirección, que no puede ser muy numeroso ni muy adiestrado.

Y esto es lo que se pierde de vista en la “lucha contra la corrupción” liderada, en este momento, por la fracción neoliberal. Mucha gente en la ciudadanía acepta la apuesta de los neoliberales, sus promesas de sacrificio (aceptarían ciertas reformas, ciertos cambios), sus promesas demagógicas, que ante todo sirven para conservar el poder y, con el deseo de grupos subalternos, hegemonizarlo. Todo esto es valioso porque les sirve para aniquilar a su adversario histórico sin necesidad de darle los bienes, recursos y personal del Estado como precio de una precaria alianza y costo de la “certeza jurídica” y “estabilidad macroeconómica”.

4. Este es un momento en que empiezan a darse negociaciones, fusiones, coaliciones y alianzas dentro y fuera del Congreso. 

El hecho de que las tropas de muchos partidos pasen a colocarse bajo la bandera de un partido único que mejor represente y resuma las necesidades de toda la clase es un fenómeno orgánico y normal, aunque su ritmo sea rapidísimo y casi fulminante en comparación con tiempos tranquilos.

Esto es válido no solo para la fracción conservadora sino que, en este momento, mucho más para la neoliberal que acaba de ver a Thelma Aldana reconocida por WOLA como la legítima representante y voz de la “lucha contra la corrupción”. ¿Quién está detrás de esto? ¿Cómo están movilizando a sus tropas y bajo qué banderas? El consenso dominante (transparencia, anti-corrupción, Estado de derecho, etc.) ha surgido como el paradigma bajo el cual es posible llevar a cabo una restauración neoliberal cubierta como “lucha contra la corrupción” y este consenso resume, de modo orgánico, las necesidades de la fracción neoliberal y las expectativas de toda esa ciudadanía que quiere cambio pero sin crisis terminal, sin desestabilización profunda, sin encarecimiento de la vida (una estrategia del sector empresarial cuando les entra miedo), sin desempleo. Las armas a favor del consenso dominante neoliberal son mucho más fulminantes en tiempos de crisis o cambio electoral que en tiempos tranquilos. El discurso del “golpe de Estado” y el miedo de la gente ante dicha incertidumbre las convierte en armas letales.

5. Ante la crisis de hegemonía que las fracciones dominantes mismas han creado – por sus disputas internas y por la revelación de su corrupción y cooptación del Estado – ahora quieren crear una opción única. 

Esta opción representa la fusión de todo un grupo social bajo una dirección única considerada la única capaz de resolver un problema dominante existencial y de alejar un peligro mortal.

¿Qué opción política habla de peligro mortal y, por supuesto, de tener el antídoto contra el mismo? La fracción neoliberal, empleando los medios de comunicación a su disposición, está regando zozobra, encima de lo claroscuro de la restauración misma, para construir y movilizar consenso “anti-corrupción”.

6. ¿En dónde está el pulso entre las fracciones dominantes en este momento?

Precisamente en un punto de la guerra de posiciones que no da señal clara de ir por un lado o por el otro.

Cuando la crisis no encuentra esta solución orgánica, sino la del jefe carismático, significa que existe un equilibrio estático (cuyos factores pueden ser dispares, pero en el que prevalece la inmadurez de las fuerzas progresistas), que ningún grupo, ni el conservador ni el progresista, tiene la fuerza necesaria para la victoria y que incluso el grupo conservador tiene necesidad de un amo.

Y es esa “inmadurez de las fuerzas” rupturistas y refundacionales lo que también permite la recomposición de las fracciones dominantes y su capacidad de llenar los discursos de la esfera pública con sus propios ideologemas y significantes vacíos. El “golpe de Estado” es uno de ellos.

No podemos concluir, obviamente, que una u otra fracción dominante no vaya a intentar consolidarse por medio de un golpe de Estado. Para la conservadora esto implicaría una victoria suicida. Para la neoliberal esto implicaría una victoria prematura. En ningún caso sale beneficiada la opción rupturista y refundacional desde abajo. Pero, en medio de las pugnas intra-elitistas, hay que entender el papel ideológico que juega el discurso del “golpe de Estado”.


Marco Fonseca es Doctor en Filosofía Política y Estudios Latinoamericanos por parte de la York University. Actualmente es instructor en el Departamento de Estudios Internacionales de Glendon College, York University. Su libro más reciente se titula «Gramsci’s Critique of Civil Society. Towards a New Concept of Hegemony» (https://goo.gl/Oeh4dG).


Otros recursos

Para una discusión más amplia y detallada de estas dinámicas, ver mi trabajo “Hegemonía, ruptura y Refundación” disponible aquí – https://marcofonseca.net/2018/07/05/hegemonia-ruptura-y-refundacion-crisis-del-estado-ampliado/

 

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