Las cartas de los presos políticos

Estas líneas son para agradecer al Profesor Bernardo Caal Xol su amor al Río Cahabón y a su Pueblo Q´eqchi´ y sus cartas, también.

Alba Cecilia Mérida 


Las cartas de los presos políticos son un puñado de palabras que asfixiadas de estar en prisión tienen prisa por alcanzar las llaves del celador y correr hacia la calle.

Las cartas de los presos políticos salen impregnadas del hastío que provoca el paso lento de los segundos, minutos y horas que caben en un día y su noche. Las letras que formaran las palabras se despiertan contenidas en la punta del lápiz y cual cortejo amoroso buscan con desesperación un pedazo de papel para adquirir forma.

Las cartas de los presos políticos se despiertan al ritmo lento de quienes saben que aun cumpliendo todas las rutinas establecidas en la cárcel, siempre les sobrará tiempo. Así , las cartas de los presos políticos saben de levantarse temprano, asearse, pasar el conteo, recibir el rancho, limpiar la galera, lavar la ropa, barrer el patio, tejer canastas, recibir clases, escuchar el sermón del cura o el pastor, volver a recibir el rancho, volver a formarse y gritar su número de interno y regresar de nuevo a dormir, para al final del día volver a comprobar que todavía les sobra tiempo. Entonces vuelven las ganas de escribir y otra carta impregnada de pizcas de sol que se cuelan por los techos destartalados de la cárcel está por nacer.

Las cartas de los presos políticos son a veces textos dignos de paleografía porque las letras salen anudadas, no es porque los presos políticos tengan mala letra, sino porque las palabras se atropellan unas a otras en su desasosiego por alcanzar la libertad que encuentran solo a los ojos de quienes las leerán allá afuera.

Las cartas de los presos políticos son declaraciones de amor por la humanidad y los territorios que defienden y a veces una logra identificar entre líneas un beso dado en clave secreta que viene de ese lenguaje íntimo que es, como dice Eugenia León “cosa de dos”.

Las cartas de los presos políticos son un dolor inconmensurable para quien las recibe casi de manera clandestina el día de visita en el centro carcelario y tiene la tarea de resguardarlas y publicarlas. Son pequeños trozos de papel que transpiran fuego y energía, que luchan porque uno las lea y cuando lo hace se siente como las cartas de los presos políticos respiran, se despliegan y crecen porque al fin han alcanzado la libertad.

Las cartas de los presos políticos son un testimonio de la inequidad y de lo profundo que puede llegar a ser la injusticia cuando se encarcela a hombres y mujeres dignos que defienden lo que hermosea la vida, ya sea un manto de agua dulce, un bosque milenario, un campo listo para producir alimento, una semilla criolla que quiere germinar, el camino que lleva a la aldea. Entonces, las cartas de los presos políticos son una denuncia de las arbitrariedades de los poderosos que tienen como propósito contener el aliento de la vida y convertir en páramo lo que un día fue bello.

Las cartas de los presos políticos abundan en ternura cuando agradecen a sus amigos y amigas el que “comparten, reenvían y comentan” sus publicaciones, pero además cuando declaran que viven su prisión con mucho orgullo y dignidad porque están seguros que sus Pueblos tienen la verdad y la razón. Por eso en la cárcel de los presos políticos no hay vergüenza.

Las cartas de los presos políticos sirven de alimento a los que estamos afuera, seguros de que el futuro de los presos políticos es la libertad. Por eso atesoramos cada palabra suya, por eso los citamos en nuestros comunicados, por eso son nuestros maestros y guías, porque ellos los presos políticos son un ejemplo vivo de que la dignidad, el amor, la ternura, la convicción, la congruencia, son los nutrientes que fermentan la resistencia y la esperanza por otros mundos. O, al menos, un mundo donde no exista la cárcel injusta  que viven los presos políticos.

Con sus cartas los presos políticos están en libertad porque sus ideas, palabras y propuestas trascienden la oscuridad de la cárcel y el frío de sus celdas.

Cuando escriben cartas los presos políticos saben que los esperan cálidos amaneceres, días radiantes y dulces atardeceres junto a quienes los amamos y admiramos.


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