El conflicto capital-vida

El ecologismo, el feminismo y el antirracismo no son cuestiones periféricas al conflicto de clase sino que lo atraviesan por completo. ¿Cómo integrar las diferentes agendas de los movimientos dentro de una estrategia común? La antropóloga y activista Yayo Herrero reflexiona sobre ecologismo, feminismo y antirracismo y la articulación de una agenda emancipadora.


https://www.elsaltodiario.com/pensamiento/yayo-herrero-sostenibilidad-vida-asumir-urgencia-ponernos-acuerdo

Yayo Herrero (1965) es antropóloga, profesora universitaria y miembro de Ecologistas en Acción. Ha publicado numerosos artículos y libros sobre ecología y feminismo. El último, La vida en el centro. Voces y relatos ecofeministas, un libro escrito a seis manos junto a María Gonzalez Reyes y Marta Pascual en el que combinan los relatos y el ensayo para dar cuenta sobre lo que importa realmente, para señalar como prioridad absoluta la defensa de una vida digna. En esta entrevista reflexiona sobre la sostenibilidad de la vida, la articulación de una agenda para hacer frente a la crisis ecológica y social y el avance de la extrema derecha.

En primer lugar, hay que hablar con claridad de los problemas que afrontamos. No solo tenemos un problema de corrupción, que obviamente lo tenemos, sino que la reproducción de la economía capitalista para dar respuesta a las necesidades de las mayorías sociales está en crisis. Los estilos de vida de quienes se considera que viven bien —con altos niveles de consumos de bienes, energía y materiales—son físicamente inextendibles a toda la población y, por eso, los círculos de privilegio van siendo cada vez más pequeños, y más grandes los sectores que sufren incertidumbre, tienen miedo o ya han sido directamente excluidos. Es posible construir una buena vida para todos y todas, pero pasa por reducir el uso de energía, materiales y reducir la huella material, obviamente de aquellas personas que consumen mucho más de lo que les corresponde. Necesitamos aplicar el principio de suficiencia con justicia.

El problema es que si no hablamos de esto, las personas no somos conscientes de dónde están los problemas estructurales y, cuando las izquierdas que no los quieren abordar gobiernan, no son capaces de generar tranquilidad y seguridad, y le abren la puerta a los discursos estigmatizadores que señalan como culpables a una parte de la población extranjera, a quienes disienten o se enfrentan. La cercanía a la gente es fundamental y para ello es importante la organización, tal y como hizo la izquierda en el pasado, una organización local y capilar en los barrios, capaz de frenar las luchas entre pobres y ayudar a generar resiliencia local.

Ha mencionado en alguna ocasión que nos encontramos ante una doble crisis de la civilización. Por un lado, la crisis ecológica, que tiene que ver con los límites naturales del planeta, y, al mismo tiempo, la crisis social, que tiene que ver con la profundización de las desigualdades y las condiciones de vida de las personas. ¿Cómo deben encarar esta situación los movimientos sociales, organizaciones y partidos progresistas?

En realidad, es una sola crisis. Muchas organizaciones y proyectos emancipadores aún no han interiorizado hasta qué punto la crisis ecológica, el racismo colonial y el patriarcado constituyen, junto con la explotación del trabajo humano, los pilares materiales de la crisis civilizatoria. Avanzar en todos los frentes es fundamental para abordarla.

¿Hasta qué punto está relacionada esta doble crisis con el avance de la extrema derecha en Europa?

En mi opinión, y no solo la mía —hay personas como Boaventura de Souza Santos que llevan muchos años hablando de fascismo territorial—las conexiones son evidentes. La socialdemocracia no puede hacer políticas redistributivas si no hay crecimiento económico sostenido y este está en riesgo precisamente por falta de soporte material. Si le añadimos la debilidad de la organización de la clase obrera, salvo honrosas y puntuales excepciones, y la asunción de que las personas solo merecen vivir bien si quien les contrata obtiene los beneficios que desea obtener….

Habitualmente hace referencia al conflicto capital-vida, ¿qué nuevas perspectivas incorpora este marco de análisis al tradicional capital-trabajo?

Marx nos ayudó a comprender el conflicto que existía entre el crecimiento del capital y el trabajo humano, que se refería al trabajo asalariado. El feminismo nos ha enseñado que existe una falsa dicotomía entre la producción y la reproducción. No puede sostenerse el flujo de mano de obra al proceso productivo si en el espacio oculto de los hogares no se reproduce esa mano de obra cotidiana. Por ello, existe un conflicto no solo entre el capital y el trabajo asalariado, sino que el conflicto se extiende a todos los trabajos.

Por último, el crecimiento del capital también se realiza a costa de la utilización de cantidades ingentes de materiales de la corteza terrestre que son finitos y están parcialmente agotados, y de la capacidad regenerativa cíclica de la naturaleza. Cuando el capital maximiza los beneficios, destruyendo la base material que permite la reproducción de la economía, pero también el mantenimiento de la propia vida humana, nos encontramos ante un conflicto entre el capital y la vida. Por eso decimos que el capitalismo mata.

En un artículo publicado recientemente ha defendido que el ecologismo,el feminismo y el antirracismo no son cuestiones periféricas al conflicto de clase sino que lo atraviesan por completo, ¿cómo integrar las diferentes agendas de los movimientos dentro de una estrategia común?

No es fácil. Para mí la clave es articular la agenda en torno a la sostenibilidad de la vida. ¿Qué podemos hacer para garantizar condiciones de vida digna para las mayorías sociales —alimento, vivienda, tiempo para los proyectos propios, educación, salud, poder colectivo, corresponsabilidad en los cuidados…— en un planeta parcialmente agotado y con un calentamiento global irreversible? Mirar desde este prisma nos lleva a adoptar propuestas e iniciativas bastante diferentes y a asumir cierta urgencia en ponernos de acuerdo y entendernos.

En el caso concreto del feminismo hemos visto personas e instituciones dentro de las élites económicas y políticas definirse y defender el feminismo en un sentido amplio, ¿es real el riesgo de cooptación? ¿Qué propuestas puede potenciar el movimiento feminista que resulten inasumibles para el establishment?

Situar como prioridad el mantenimiento de vidas decentes y dignas, y la desfeminización de los cuidados, son dos pilares que apuntan a la línea de flotación del propio sistema.

Del mismo modo, se están desarrollando otras formas de capitalismo que incorporan conceptos que tradicionalmente pertenecían a los movimientos sociales, como las secciones ecológicas en las grandes cadenas de distribución o las aplicaciones que se autodenominan “economía colaborativa”, ¿qué elementos debe incorporar una propuesta económica emancipadora y medio ambientalmente sostenible?

Para mí, la prueba del algodón es si estas propuestas son extendibles a todas las personas. Es muy importante distinguir entre el capitalismo verde, que a veces pretende hacer caja con el desastre y que abre nuevas vías de negocio para quien puede pagarlas, con la aplicación de un programa de ecologismo social que hace de la redistribución radical de la riqueza monetaria y material un eje central. Si no nos preguntamos por la justicia, puede que haya propuestas que suenan bien y que, por no ser escalables a las mayorías sociales, pueden convertirse en ecofascismo.


¿Qué papel tiene la Economía Social y Solidaria en la transformación del sistema económico?¿Es posible crecer como alternativa al modelo hegemónico sin comprometer los principios que la inspiran?

Para mí juega un papel fundamental. No hay más que ver cómo, en cuanto aparecen como campos que pueden disputar la hegemonía económica, los ataques son brutales. Es verdad que, al tener que implantarse desde el propio sistema, se corre el riesgo de perder o manchar algunos de sus principios, pero creo que merece la pena dar la batalla, y el hecho de que se persiga como principios básicos el mantenimiento del empleo y la participación democrática en la toma de decisiones funciona como una especie de escudo protector.

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