Nicaragua, la revolución traicionada

Dialogamos con Vilma Nuñez, abogada y presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH).  Por Claudia Korol / Foto: Oscar Navarrete

El 12 de Diciembre de 2018, la Asamblea Nacional, a solicitud del Ministerio de Gobernación -presentada con carácter de urgencia- anuló la personalidad jurídica del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH), organización miembro tanto de la FIDH como de la Red SOS-Tortura de la OMCT (Organización Mundial Contra la Tortura). La resolución conmovió a Nicaragua y al mundo de los Derechos Humanos. El CENIDH es una institución ejemplar. Fue por eso que Thelma Fardin, para presentarse ante la justicia en Nicaragua, recurrió al asesoramiento y apoyo del CENIDH.

Vilma Nuñez es la presidenta del CENIDH. A sus 80 años, tiene la fuerza y el prestigio que le dan una trayectoria extremadamente coherente en la defensa de los derechos humanos. Pero precisamente por eso, constituye una amenaza para el régimen de Ortega, que además de cerrar el CENIDH, y de allanarlo, ha montado una fuerte campaña para desprestigiarla. Sin embargo, ella ya anuncia que reabrirá este espacio de resguardo de los derechos humanos en otra sede. Es una mujer poderosa. Su poder está fundado en la dignidad y en el coraje.

Doña Vilma tiene una trayectoria intachable como defensora de derechos humanos, desde el año 1958, cuando integró el Primer Comité Estudiantil por la Libertad de los Presos Políticos Universitarios de la dictadura de Somoza hasta ahora. En tiempos de estudiante, fue una de las sobrevivientes de la masacre del 23 de julio de 1959, realizada por Somoza, e integró la histórica “Generación del 23 de Julio”. Cuando se recibió de abogada, comenzó a defender a presos y presas políticos/as del régimen somocista.

Defendió también a comunidades indígenas, en el reclamo de sus tierras ancestrales. Antes todavía del triunfo de la revolución sandinista fue encarcelada, torturada, y procesada por un tribunal militar. Al triunfar la Revolución, en 1979, fue nombrada Vice- Presidenta de la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua (1979-1987), y luego presidió la Comisión Gubernamental de Promoción y Protección de los Derechos Humanos. En 1990 encabezó la fundación del CENIDH. Durante 3 años, fue coordinadora del Grupo de Criminología Crítica Latinoamericana, Corresponsal de la Academia de Ciencias Penales de Cuba. Fue Presidenta de la Comisión para la Defensa de los Derechos Humanos de Centroamérica (CODEHUCA), miembro del Consejo de Dirección de la Organización Mundial Contra la Tortura (OMCT), y Vice-Presidenta de la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH). Es Jueza del Tribunal Permanente de los Pueblos, donde ha participado en aproximadamente 10 Tribunales entre los que destaca “El Proceso a la impunidad de Crímenes de Lesa Humanidad en América Latina 1989-1991”.

En los últimos tiempos, Vilma Nuñez ha sido hostigada, amenazada y difamada. Por ello las primeras palabras del diálogo fueron para expresarle la solidaridad con lo que está viviendo, como parte de su pueblo. Un pueblo que nos dio la alegría de una revolución maravillosa, y que hoy está resistiendo los embates de un gobierno que usurpó sus bienes materiales y simbólicos, incluso la alegría. (¡A esta alegría le temen! ¡Esta alegría es revolucionaria! Cantaban las y los jóvenes sandinistas que conocimos en los 80).

¿Cómo está doña Vilma? ¿Cómo se siente?

Tengo preocupación, lógicamente, pero mantengo mi posición claramente. Yo no he hecho nada más que defender los derechos humanos, a lo que dediqué mi vida. Mi país es éste. Yo no puedo de ninguna manera hacer lo que el gobierno quiere que haga, que es irme del país. Nuestro lugar está aquí con la gente.

¿Cuáles son los motivos de este ataque reciente del orteguismo a las organizaciones de derechos humanos, feministas, periodistas? ¿Desde cuándo viene esta persecución?

La persecución es desde siempre, pero desde la llegada al gobierno de Daniel Ortega con la Rosario Murillo, los dos han seguido una estrategia que ellos diseñaron, que se resume en: “vamos contra todo”. Esto significa atacar, perseguir, eliminar, todo aquello que representa una voz disidente, un grupo de resistencia, un grupo de protección a los derechos humanos, de acompañamiento a las víctimas, de exigencia de libertad para los presos políticos injustamente condenados. Ésa es la situación en términos generales.

Sin embargo, a medida que este gobierno se fue sintiendo acorralado, que constata que está siendo completamente aislado por el nivel de presión internacional que se está produciendo, entonces está reaccionando. En lugar de abrir un espacio para buscar una salida de distensión, lo que hace Ortega es endurecer sus acciones, criminalizar la protesta, perseguir a quienes están protestando. Realiza una arremetida, un ataque brutal contra las organizaciones no gubernamentales, para que la gente perseguida no tenga acompañamiento, no sea defendida. Pretende acallar a todos, confiscando y robando los documentos de las organizaciones para dejar a la gente sin protección. Expulsó prácticamente a la delegación del GIEI (Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes), y dio un plazo para que se vaya el MESENI (Mecanismo Especial de Seguimiento para Nicaragua), establecido por la CIDH. Es decir que ataca también a la CIDH, antes de que pueda dar su informe.

La policía allanó las oficinas del CENIDH ¿Qué sucedió con la documentación sobre violaciones a los derechos humanos?

Se robaron prácticamente todo, destruyeron casi toda la documentación, pero había un resguardo. Yo la había resguardado y, por ejemplo, todo lo referido a Zoilamérica (hija de Rosario Murillo, adoptada por Daniel Ortega, quien denunció en 1998 haber sido abusada sexualmente por Daniel Ortega desde los once años y cuya denuncia fue acompañada por el CENIDH), está resguardado fuera del país hace ya mucho tiempo.

La Asamblea nos quitó la personería jurídica. La resolución tenía que entrar en vigencia y nos daban 10 días para ordenar absolutamente todo lo que se le iba a entregar a la Asamblea. Sin embargo, ellos mismos no acataron ese plazo. Recién lo habían publicado, y como vulgares ladrones se metieron en la noche y se llevaron prácticamente todo lo relacionado con la parte financiera, con las contabilidades de hace 20 años que teníamos almacenadas, pero además se robaron cosas personales. Fuimos agraviados como institución, y también a nivel personal. Yo personalmente iba a poner una denuncia para que nos devuelvan nuestras cosas personales, pero ahora no quise acercarme a la fiscalía porque están inventándonos acusaciones, criminalizándonos. Ya venían diciendo que éramos terroristas, pero en este momento están queriendo vincularnos a acciones relacionadas, dicen ellos, a encubrir la quema de la casa con niños adentro. (En la mañana del 16 de junio fue calcinada una familia -cuatro adultos, una niña de 2 años y un niño de seis meses- en el barrio Carlos Marx. La versión policial pretende inculpar a defensores del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos acusándolos de haber manipulado y chantajeado a los sobrevivientes, lo que contradice los testimonios de los sobrevivientes, familiares y vecinos, que sostienen que fueron grupos paramilitares y oficiales de la Policía quienes incendiaron la casa, después de que ellos se negaran a prestar el tercer piso de su vivienda para que se instalaran francotiradores. La Policía acusó de manipulación al abogado del CENIDH Gonzalo Carrión, y a Vilma Nuñez, presidenta del mismo, quien denunció este intento de inculpar y criminalizar al CENIDH).

Están vinculando al colega que llevó el caso. Yo no estaba siquiera en el país cuando lamentablemente ocurrió esto, pero dicen que estoy vinculada. Dicen que yo estaba ofreciendo cosas para hacer la acusación a la policía. Yo no lo he hecho de ninguna manera. Yo no soy una traficante de personas. Tengo mi compromiso con la lucha por los derechos humanos. Lucha que no es de ahora. Lucha que no empecé el 19 de abril. Lucha que comenzó en 1958 en contra de la dictadura de Somoza. En eso mismo me he mantenido.

Ustedes han venido documentando la represión y las violaciones a los derechos humanos. ¿Cuál es la cifra que maneja el CENIDH sobre la cantidad de presos/as y asesinados/as desde el levantamiento de abril?

Bueno, la cifra de asesinados que manejamos en el CENIDH son 322, documentados uno por uno, con constancia de las circunstancias del asesinato y la especificación plena de los hechos. Todo. Todo. No dudo que puede haber más asesinados. Y que el total coincida con las cifras de algunas otras organizaciones o de otras fuentes. Lo que nosotros tenemos documentado son 322 asesinatos, cifra que incluye a 20 policías a quienes ellos mandaron a matar y a morir, y a un número no determinado de paramilitares y de personas partidarias del frente, 19 niños y adolescentes. Tenemos también clasificados entre hombres y mujeres: hay 40 y tantas mujeres.

Tenemos también documentados -hasta el día que nos sacaron de la oficina- 565 presos políticos. ¡Presos políticos! Lo gritamos aquí frente a todo el mundo. No son delincuentes comunes, como dice Daniel Ortega. De ninguna manera. Son presos políticos, con diferentes situaciones jurídicas. Algunos condenados, otros procesados ilegalmente, otros liberados, absueltos por los jueces, pero que la policía y el sistema penitenciario no los quiere poner en libertad. Hay otros que están prácticamente como desaparecidos, porque los tienen presos, y no los ponen a la orden del juez.

¿Cómo fue que se convirtió esa hermosa revolución sandinista que conocimos, que encarnó los sueños de tantas personas revolucionarias del continente, se convirtió en un régimen represivo, en contrarrevolución?

Me gusta que desde allí, desde Argentina, usted me haga esa pregunta. Porque nosotros quisiéramos, definitivamente, que comprendan que no estamos mintiendo, que no estamos exagerando. Una de las resistencias que hemos tenido para transmitir a los pueblos de sus países la realidad de la traición a la más hermosa revolución que se forjó en el continente latinoamericano, a la muestra del mayor sacrificio humano que representó la pérdida de vidas de 50.000 personas durante la revolución, fue que no creyeran lo evidente.

La Revolución ha sido traicionada, miserablemente traicionada por Daniel Ortega. Él sigue usurpando la careta, el disfraz de ser una persona revolucionaria y de ser una persona de izquierda. No, amigos y amigas. A través de tu medio, Claudia, yo quiero pedirles a todas esas personas que todavía dudan de que Daniel Ortega no es una persona revolucionaria, que entiendan que es una persona completamente descompuesta. Pero además no puedo decir desde qué momento. Cuando quedó ya sin poder político después de la derrota, sacó todo lo que tenía adentro, y empezó a deshacer de manera evidente la poca democracia interna que un partido como el FSLN exigía.

Comenzó a cometer una serie de atropellos, una serie de actos que no son de un revolucionario. Cuando al fin se apodera nuevamente del poder, no por el voto popular, sino por un Consejo Electoral amañado, con una serie de pactos de facto, donde reformó la Constitución y la acomodó a su antojo, para poder reelegirse continuamente, para quedarse eternamente, entonces empezó a destruir la institucionalidad del país, empezó a centralizar poder, y ahora lo que tenemos es esto. Prácticamente una persona despojada de todo humanismo, que está prácticamente desnudo. Una persona contrarrevolucionaria. Para quienes todavía quieren manejar ese lenguaje, esta persona nos traicionó a los nicaragüenses que hicimos esta revolución. Mientras yo estaba en la cárcel, otra gente estaba peleando en los barrios, en las ciudades, y en las montañas, él estaba viviendo en Costa Rica. Estuvo peleando en muy pocos escenarios, de la forma en que el Frente Sandinista lo hizo, cuando no le quedó más posibilidad que la lucha armada.

Pero yo les quiero decir: este hombre nos quiere llevar a la lucha violenta. Yo espero que el pueblo de Nicaragua no caiga en esa trampa. Tenemos que dar ejemplo al mundo nuevamente, teniendo la posibilidad de derrocar a una dictadura nefasta, violatoria de derechos humanos. Restablecer la vigencia de derechos humanos, con métodos pacíficos, con métodos cívicos. Necesitamos que los pueblos les digan a los gobiernos: no sigan oxigenando a este gobierno. Personalmente, tenga la plena seguridad de que en las calles de mi país, o en la cárcel, que es a donde este hombre me quiere llevar, seguiré manteniendo lo mismo: la defensa de los derechos humanos, de la vida, de la libertad.

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