Covid 19 y la interrelación entre especies

La causa principal subyacente de una pandemia es la destrucción del hábitat salvaje de otras especies provocada por una expansión industrial sin límites. Cada día perdemos 150 especies y las que quedan se apretujan en territorios cada vez más pequeños.

Sonia Shah nació en Nueva York de padres indios, estudió un grado de Filosofía de la neurociencia y Periodismo. Sus investigaciones abarcan la ciencia, los derechos humanos y la política internacional. “Capitán Swing” ha publicado en español su tercer libro, “Pandemia” (2016). Antes escribió “The Fever” (“Si lee un solo libro sobre la malaria esta sería una buena elección”, dijo Bill Gates), “The Body Hunters” (sobre los experimentos con nuevos fármacos en países pobres) y “Crude” (que trata del petróleo).

Entrevista realizada por Gemma Tramullas, https://www.farodevigo.es/sociedad/2020/08/30/proxima-pandemia-haber-150-millones/2333551.html

Después de leer “Pandemia” siento cierto cariño hacia los microbios, ¡incluso empatía! ¿Es una reacción habitual?

-[Ríe] No me lo han dicho demasiado, pero es exactamente como yo me sentí escribiendo el libro. Me propuse entender cómo un microbio se acaba convirtiendo en un patógeno capaz de desencadenar una pandemia y para hacerlo tenía que ver las cosas desde su punto de vista.

Y eso que usted ha tenido una mala experiencia con una enfermedad infecciosa.

-Hace unos años mi hijo mayor se hizo una herida en la rodilla jugando a fútbol en un campo de césped artificial y cinco días después no podía andar. Le salieron unos forúnculos que rezumaban pus. Era SARM, una bacteria resistente a los antibióticos que se extendió por todo su cuerpo.

Luego se lo contagió a usted.

-Nada de lo que decían los médicos funcionaba, ningún antibiótico y, tres años después, estaba tan desmoralizada que dejé de luchar contra la infección… ¡y desapareció! Esto demuestra que no se trata del ataque directo de un patógeno, sino que hay una dialéctica entre el medioambiente, nuestro sistema inmunitario y quién sabe qué más. La experiencia con esta bacteria indomable fue muy instructiva a la hora de escribir el libro.

Escribe que el homo sapiens es el producto de una pandemia que barrió al resto de homínidos. ¿Deberíamos estar agradecidos a los microbios por nuestra existencia?

-[Ríe] Es una manera de verlo. La vida en la Tierra es la historia de nuestra interrelación con otras especies, incluyendo sobre todo a los microbios.

La vida en la Tierra es la historia de nuestra interrelación con otras especies, incluyendo sobre todo a los microbios.

Paradójicamente, si lográramos aniquilarlos estaríamos firmando nuestra sentencia de muerte.

-Exactamente. Nuestra salud se da en la tensión dinámica que existe entre los apetitos de los microbios y el desarrollo de las actividades humanas. No lo veo como una guerra, sino como una tensión dinámica que está cambiando constantemente.

Usted propone un nuevo paradigma, un cambio radical en la forma que tenemos de percibir e interpretar las cosas, incluidos los microbios.

Correcto. Entendemos la historia de la naturaleza como si nosotros fuéramos receptores pasivos de unas entidades invasivas (sean organismos, microbios o animales), y ese pensamiento binario es el que hay que empezar a cambiar. Infravaloramos a los microbios y cómo han dado forma a todo lo que existe en el planeta.

“Si apareciera un virus de la gripe nuevo, capaz de extenderse tan bien como la gripe estacional y con una tasa de mortalidad solo ligeramente más alta, podría matar a millones de personas”. Esto es un fragmento de “Pandemia”, escrito en 2016. ¡Predijo usted el Covid-19!

-Cuando les preguntaba a los científicos cuál era el patógeno que no les dejaba dormir me decían: o bien una bacteria altamente resistente a los antibióticos o un patógeno como el que ha mencionado. Después del primer SARS, las condiciones que permitieron que se desbordara continuaron igual. Era solo cuestión de tiempo.

No hay un debate profundo sobre los grandes motores que impulsan las pandemias: la pérdida de biodiversidad, la ganadería y la agricultura intensivas, la contaminación… ¿Estamos atendiendo lo urgente y olvidando lo importante?

-Creo que sí. Estamos poniendo vendas e intentando sobrevivir y no estamos pensando en cómo prevenir la próxima pandemia. Y la tragedia absoluta es que hay tantas cosas que podríamos hacer…

Entendemos la historia de la naturaleza como si nosotros fuéramos receptores pasivos de unas entidades invasivas (sean organismos, microbios o animales), y ese pensamiento binario es el que hay que empezar a cambiar. Infravaloramos a los microbios y cómo han dado forma a todo lo que existe en el planeta.

¿Por dónde empezar?

-La causa principal subyacente de una pandemia es nuestra interacción con el medioambiente y particularmente la destrucción del hábitat salvaje de otras especies provocada por una expansión industrial sin límites. Cada día perdemos 150 especies y las que quedan se apretujan en territorios cada vez más pequeños. Eso facilita nuevas formas de interacción que permiten que los microbios de los animales lleguen a nosotros. Entre un 60% y un 70% de los nuevos patógenos vienen de los animales.

Entonces, nuestra salud depende de la salud de los animales.

-Somos parte de un proceso dinámico, un continuum con todos los demás elementos del medioambiente, y las enfermedades son un producto de ese proceso. Necesitamos repensar la rapidez con la que nos expandimos. Al final, nuestro sistema inmunitario se va adaptar al Covid-19, pero en la próxima pandemia podría haber 150 millones de muertos.

Una de las claves de su trabajo es su capacidad de visión panorámica.

-Es fruto de haber crecido entre dos culturas, cosa que de niña me tenía permanentemente confundida. Me crié en un barrio residencial de Connecticut, pero mis abuelos vivían en India y pasaba los veranos con ellos en un edificio destartalado del sur de Bombay. Ellos decían que me sentara en el suelo y comiera con las manos porque lo contrario era inmoral, y mis amigos opinaban que eso era asqueroso y que no utilizar cubiertos es signo de poco civilización.

¿Ha logrado reconciliar esas visiones tan opuestas?

-Aún estoy en ello. Pero esta situación me llevó a adoptar siempre una posición de intentar entender cuáles son las creencias y suposiciones que las personas aportamos a la experiencia común. Aplicamos nuestro propio marco mental a todo y por eso interpretamos y llegamos a conclusiones tan distintas sobre una misma cosa.

¿Dónde aprendió más, en las barriadas de Bombay o en la universidad?

-No puedo separar una cosa de la otra. Recuerdo estar sentada en el balcón de casa de mi abuelo y ver a un niño bañándose y comiendo en la calle, junto a las vacas, los autobuses y la basura, mientras yo en mi casa de Connecticut lo hacía en un apartamento con aire acondicionado. Esa preocupación marcó mis estudios y mi trabajo periodistíco. Todo convergía para contestar a una pregunta: ¿cómo hemos llegado a tanta desigualdad?

Ha visitado países diezmados por la malaria y el cólera, pero el SARS-CoV-2 es el patógeno más mediático con el que ha tratado.

-La mayoría de patógenos como la malaria, la tuberculosis o el VIH afectan casi exclusivamente a poblaciones marginalizadas, en cambio el Covid-19 también afecta a primeros ministros y a famosos. Si se habla tanto del Covid-19 es porque también afecta a los ricos.

En el sur de España hay 45 casos de fiebre del Nilo. ¿Tendremos que vivir siempre alerta y angustiados?

-A nivel social sí, porque esos sentimientos son la base para crear una infraestructura de salud pública eficiente y para presionar para mejorar los caminos y las viviendas para reducir la exposición a los mosquitos, que transmiten el virus. A nivel individual no hay que tener miedo, pero sí asegurarnos de que tenemos información suficiente. Si sabemos qué tipo de mosquito es, a qué hora del día pica y en qué condiciones, podemos adaptar nuestro comportamiento y reducir el riesgo, en caso de tener los recursos, claro.

Los modelos matemáticos han tenido una protagonismo excepcional en el Covid-19.

-El principal concepto matemático con el que deberíamos familiarizarnos es el de crecimiento exponencial, porque los políticos insisten en dar una respuesta lineal a lo que es un problema exponencial. Una vez se detecta un clúster de casos y el sistema da la alerta, ya es demasiado tarde. Tenemos que mirar hacia atrás, ir al origen de estos patógenos para reducir nuestro riesgo de exposición, si no siempre iremos por detrás de la curva y tendremos que aplicar medidas crueles y brutales.

Y pensábamos que los del sur éramos los lentos en reaccionar…

-Hemos construido un sistema de salud pública que ve las enfermedades infecciosas como un asunto menor, como si echándoles unos químicos fueran a desaparecer. Esto ha sido más o menos así en el pasado, pero solo porque cambiamos totalmente nuestros hábitos para reducir los patógenos. Dejamos de beber agua contaminada y eso redujo la incidencia de cólera, por eso podemos tratarlo con antibióticos. Ahora, frente a grandes brotes infecciosos pensamos en vacunas, antibióticos o antivirales, o sencillamente los ignoramos porque solo afectan a los pobres.

¿La confusión de mensajes sobre el Covid-19 afectará a la credibilidad de la ciencia?

-Yo veo que se está produciendo un efecto democratizador de la ciencia. La gente está haciendo un curso intensivo de epidemiología y virología, se esfuerza en entender y participar.

Su marido es biólogo molécular, ¿de qué hablan durante la sobremesa?

-[Ríe] Vivimos en la América de Trump, así que habitualmente ese es nuestro tema. Ha hecho cosas horribles, y una de las peores es cómo nos ha traumatizado a todos, hasta el punto de que necesitamos hablar de él a todas horas.

Nuestra salud se da en la tensión dinámica que existe entre los apetitos de los microbios y el desarrollo de las actividades humanas.

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