Seguimos en Paro Plurinacional

¿Mal cálculo del Ministerio Público, el presidente y su círculo de poder? ¿Valoración errónea de los apoyos con los que cuentan? ¿O, por el contrario, convencimiento de que sus aliados son sólidos?

Tal vez pensaron: la ambiguedad de la administración USA en la lucha anticorrupción y el hecho de ser -Giammattei- su veintiúnico aliado confiable en la región, garantiza cuotas de impunidad, media vez no se crucen demasiadas veces la línea roja. Además, no es el único apoyo con el que cuentan: también, la cúpula empresarial agrupada en el CACIF, la neutralidad pasiva de la Unión Europea, el poderoso lobby constructor y energético español…

Cálculo erróneo o predemitación alevosa, lo cierto es que se incendia de nuevo la feliz casa de la pradera chapina, donde pasa de todo (desnutrición, corrupción a gran escala, vacunas para unos pocos, muerterío por COVID) y puede no pasar nada, hasta que sucede. Lo definitorio en este momento no es el detonante concreto (la gota que rebalsa el vaso) sino que finalmente sucede. Al fin, esto es política, no análisis esquemático de coyuntura.

Así como este enésimo episodio de la crisis es muticausal (en un contexto de grave crisis de salud y alimentaria, no solo política-de representación) son múltiples las razones que motivan el descontento y las convocatorias de paro nacional y otras movilizaciones posteriores. Existe una demanda central (la renuncia de Giammattei y la encargada del MP) que es solo un punto de partida para multiples demandas pendientes, tantas que obligan a plantearse, más temprano que tarde, la reforma total de este Estado en estado terminal, que solo hace daño y no procura el bien común. La mirada larga de los pueblos indígenas (los cambios estructurales y los cambios de Estado y de modo de vida) conecta con la mirada corta de las dinámicas y disputas del poder político en este contexto específico.

Son diversos también los antecedentes inmediatos de esta nueva fase de movilizaciones nacionales: sucede cerca del aniversario del paro nacional de agosto de 2015 (y, como en aquel momento, comienza a convocar sectores más allá de los siempre convencidos); sucede casi cuatro años después de las movilizaciones de septiembre de 2017, que rasgaron el imaginario del Estado-nación y sus simbolismos vacíos: la ceremonia de la bandera y los desfiles del 15 de septiembre. Sucede, finalmente, cuando una nueva generación que nació después de la firma de los Acuerdos de Paz, con otros referentes y formas de resistencia, alcanza su mayoría de edad política (antecedentes: marzo y noviembre de 2020).

Creo que los márgenes de acción y las posibilidades de éxito de las movilizaciones (en plural) son mayores si se atiende a la conexión de memorias, miradas, actores, territorios, demandas, y se construye a partir de la escucha activa, el diálogo, el respeto y el consenso (sí, todo aquello que las cosmovisiones indígenas nos enseñan y solemos olvidar en las urgencias permanentes de la acción política).

La diversidad nos hace fuertes, la pluralidad y la complejidad permiten responder a una correlación de fuerzas sumamente compleja, la creatividad descentralizada motiva a las y los no convencidas. A pesar de todo, el país se mueve y deben moverse a la par las formas y culturas organizativas.

Seguimos en Paro Plurinacional.

Andrés Cabanas, 28 de julio de 2021

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