El tiempo se detuvo en los años 80

Para el Estado y sus instrumentos de opresión, pero también para bastantes actores populares, el tiempo se detuvo en los años 80. A la hegemonía poco discutida de un pacto de elites crecientemente autoritario y excluyente, queremos responder con verticalismos e imposiciones.

A la diferencia e intercambio de opiniones la denonimanos disidencia y divisionismo: el enemigo interno es la diversidad.

Ejercemos la crítica despiadada con los que no piensan y no militan exactamente en el mismo espacio y momento que nosotros, y olvidamos la autocrítica (no vaya a ser que la aproveche «el enemigo»).

Reciclamos liderazgos gastados y autoritarios, que piensan y actúan igual que hace cincuenta años, como si el tiempo no pasara. Eso sí, las y los jóvenes son bienvenidxs, siempre y cuando asuman nuestros códigos de conducta.

Siempre, todavía, el fin justifica los medios. Lo importante es la batalla inmediata y la victoria, aunque sea temporal y sacrifique principios y coherencia. ¿Coherencia, ética? Esas deben ser otras modas posmodernas, impuestas por la AID y la embajada gringa.

En estas andamos de forma demasiado generalizada (me incluyo), porque asumimos una cultura política hoy por hoy mayoritaria: lo podemos ver a partir de las reacciones al triunfo electoral de Daniel Ortega en Nicaragua y los calcos y copias de su estrategia en otros países. Pero no solamente sucede en el país de los caudalosos ríos de leche y miel, de lxs poetxs encarceladxs y exiliadxs y del feminismo convertido en la principal amenaza a la seguridad nacional.

Son tantas las veces que el autoritarismo, la ambiguedad, el oportunismo o los silencios nos ganan: movimientos sociales, personas comprometidas a nivel individual, cooperación financiera, solidaridad política…

La esperanza continúan siendo aquellas personas y sectores (no siempre logro incluirme) para las que el silencio nunca es opción y la diversidad va (mucho) más allá de la agregación a mi figura, mi proyecto, mi idea y mis siglas. Aquellas y aquellos que creen en los proyectos colectivos y los sujetos plurales. De verdad, la comunidad entendida como sujeto no como número, es el camino.

Andrés Cabanas, 6 de diciembre de 2021

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