El ecologismo social, el feminismo radical y el antirracismo no son cuestiones periféricas de la izquierda

No tener en cuenta que el capitalismo se construyó y se sostiene materialmente, además de sobre la explotación en el empleo, sobre el racismo, la explotación sin límites de la naturaleza y del trabajo no libre de las mujeres en los hogares, es realizar un análisis material incompleto que no permite entender la crisis civilizatoria. Por ello, el ecologismo social, el feminismo radical o la lucha de las personas racializadas no son cuestiones periféricas que despisten de lo importante, sino que están en el centro del conflicto. Yayo Herrero.

La insurrección que transformó a Nicaragua

El modelo de gobierno de Daniel Ortega, construido sobre una alianza con el gran capital nacional y el Ejército, logró contener durante diez años las expresiones de conflicto social. Pero la ola de protestas desarrolladas desde el mes de abril han sacado el descontento a las calles. La represión y la violencia muestran la crisis del gobierno de Ortega, quien intentó sindicar a los manifestantes como criminales y pandilleros. Sin embargo, el movimiento de protesta está liderado por jóvenes estudiantes nacidos en la postrevolución. Nicaragua está en crisis y la insurrección de abril lo ha dejado en evidencia. Elvira Cuadra Lira, Nueva Sociedad, 22 de mayo de 2018.

Boaventura de Sousa: “Nuestra tragedia es que la dominación está unida y la resistencia está fragmentada”

Boaventura de Sousa: “Nuestras sociedades no son solamente capitalistas, son también colonialistas y son patriarcales. Es por eso que, a pesar de todas las victorias del movimiento feminista, tú tienes feminicidios: la violencia sigue en prácticamente todos los países. ¿Por qué? Porque esta sociedad necesita realmente que el capitalismo sea complementado con el colonialismo, el racismo, la islamofobia, el neocolonialismo, y obviamente el heteropatriarcado que lleva a cabo esta dominación.

Los que resisten a esta dominación triple tienen que unirse, articularse. Porque la tragedia de nuestro tiempo es que la dominación está unida, es decir, el capitalismo actúa junto con el colonialismo y el patriarcado, y la resistencia está fragmentada. Las mujeres luchan contra el patriarcado pero se olvidan del colonialismo, del racismo o del capitalismo. Los sindicatos, cuando luchan en contra del capitalismo, se olvidan del racismo y se olvidan del patriarcado… Estamos muy fragmentados”.

La insurrección de la conciencia

Una izquierda tradicional, congelada en el tiempo y aferrada a interpretar con esquemas simples y ya obsoletos casi todo lo que ocurre en el mundo, una izquierda solidaria que tal vez menosprecia las capacidades del pueblo de este insignificante y pequeño país, no termina de creer que la “desestabilización de la revolución” sucedida este abril no haya sido resultado de una conspiración del imperio. El aspecto para el que los teóricos de la conspiración no tienen respuesta es el de la crisis por la que atraviesa hoy el sandinismo histórico, la diferenciación cada vez más clara entre cada vez más gente entre sandinismo y orteguismo. Revista Envío, mayo de 2018.

Ortega perdió al pueblo y el pueblo perdió el miedo

Aunque no se articula de esta manera, el verdadero sandinismo está en las calles, porque el sandinismo de Ortega no existe. La figura de Sandino resulta subversiva para el orteguismo. El orteguismo no tiene nada que ver con Sandino ni con los fundadores del Frente Sandinista. Termina la época del Frente Sandinista, pero no de Sandino. Entrevista a Alejandro Bendaña, por Alejandro Ferrari, Brecha.